lunes, 11 de mayo de 2009

Distinto target

-Hola, ¿sos Robert?
-Y vos Margot.
-Sí.
-Estaba esperando.
-¿A Godot?
-A vos, Margot. Sentate.
-¿Tenés una pilot?
-Un pilot no. Pero una bic si.
-Gracias. ¿Antiguo nombre…?
-Ut.
-¿Provincia de…
-Chubut.
-¿Conjunto de…
-Input.
-¿Ángulo…
-Acimut.
-¿Golpe…
-Uppercut.
-¿Jerga…
-Argot.
-¿Capital de…
-Beirut.
-No. Rabat. Pero igual; andás clarito para los crucigramas.
-A ver vos.
-Dale.
-¿Aerolínea…
-Aeroflot.
-¿Lo opuesto…
-Cenit.
-¿Marca…
-Zenit.
-¿Equipo…
-Cenit.
-¿Instrumento…
-Fagot.
-No. Contrafagot. No me diste tiempo a decirte que era de 11 letras. Pero, bien también.
-Era cierto entonces que te gustaban los crucigramas.
-¿Qué querés tomar? Podemos pedir el típico tannat, aunque en la carta también hay merlot, cabernet, priorat o pinot.
-Solo tomo agua. Y a veces colet o vascolet.
-Como demorabas pedí la comida: entrecot con salsa de chucrut.
-Soy vegetariana. A las carnicerías, boicot. Las vacas, a su hábitat natural.
-¡Shit!
-Prefiero pagar el tiquet en un bufet chino.
-Yo me comería un mamut.
-¿En qué trabajás?
-Fui guarda de Cot, Ucot y Coet. Pero saqué el carnet profesional y ahora tengo mi propio taxiflet. Un camión Fiat. Al principio daba déficit, pero ahora tengo superávit. ¿Y vos?
-Bailo.
-¿Con corset en un cabaret?
-No, ballet en la Sala Brunet.
-Tendrás un buen cachet.
-No creas que bailo para el jet set.
-¿Qué música conservás en caset?
-Me queda uno con algún hit de Serrat.
-Yo guardo Brindis por Pierrot y los de la Bersuit Vergarabat.
-¿Fútbol?
-Niet.
-¿O sea que no sabés quién fue Barbat o Jules Rimet?
-Nopo.
-¿Básquet?
-Solo se que el piso era de parquet.
-¿Sabor de helado preferido?
-Cualquiera diet.
-¿No te gusta el banana split?
-Odio el dulce de leche.
-Tendrás mascota, supongo.
-Sí, un conejo que se llama Roger Rabbit.
-Yo tengo el muñeco de un gobot al que bauticé Goliat. Es como un robot.
-¿Qué hacés en tu tiempo libre?
-Crucigramas y alguna máquina slot.
-A mi me gusta tirar el tarot, recitar Hamlet, leer sobre el Tibet, sacarme fotocarnet y bailar fox trot.
-¡Vaya kit! Como que no coincidimos mucho.
-Distinto target.
-¿Y si te invito a subir al taxiflet e ir a mi chalet a compartir un momento hot en el clóset usando un sachet de mostaza?
-Paso.
-El videt es nuevo.
-Margot dixit: paso.
-Sería mi debut en el clóset del chalet.
-Te merecés un chut en el culo.
-Vos una chot.
-¡Quién me mandó aceptar tomar algo contigo!
-Es lo que tiene conocerse en un chat de Internet. Además tampoco soy un hobbit.
-Pero estás a años luz de Brad Pitt.
-Vos tampoco sos Brigitte Bardot, anotátelo en un post-it.
-Te imaginaba más alto.
-Yo te imaginaba con menos bigote.

La señora indicará

-¡Pica!-, le dije cuando se equivocó, pero se hizo la desentendida y siguió trabajando como si nada. Aquel día descubrí que detrás de esa voz había una persona de carne y hueso. Un rostro. Un corazón.
Es cierto que en su trabajo es muy buena. Tanto que todos piensan que es una máquina. Pero es como decir que la brújula invariablemente señala el norte y también el sur. No. El tema es que nadie está un buen rato mirándola fija. Quien lo haga verá que en ocasiones ladea un poco para el nornoroeste. Mismo. Dicho por la National Geographic.
Con ella ocurre lo mismo que con la brújula: como nadie la controla todo el día no se dan cuenta de sus yerros. Pero yo la tengo junada, se equivoca tres o cuatro veces por jornada. Si a alguien le interesa hay pruebas. Está claro, los señores de Antel se niegan a reconocer que tienen una mujer trabajando 24 horas diarias sin descanso. Es más, capaz que está retenida contra su voluntad en un call center asiático cobrando una miseria, dando la hora y cosiendo pelotas de fútbol a la vez.
Puede que la tengan amenazada de muerte y por eso no me habla.
Todo comenzó una tarde en que andaba sin reloj y tuve que llamar al 16 para saber la hora. En ese preciso momento… me acuerdo como si fuera hoy.
-La señal indicará: las diecisiete horas, treinta y cuatro minutos… sesenta segundos.
-¡Pica!-, le dije cuando se equivocó, pero se hizo la desentendida y siguió trabajando como si nada.
-La señal indicará: las diecisiete horas, treinta y cinco minutos, diez segundos.
-¡Te equivocaste! ¡Te equivocaste!-, le grité, pero no me contestó.
Concluí entonces que si había fallado no era una grabación, como todos creen. Le avisé que la llamaría otra vez. Pronuncié mi nombre y mi teléfono por si quería apuntarlo.
A partir de entonces cada tanto marcaba el número 16 y le recordaba que yo la había pescado in fraganti, pero ella se hacía la boluda (O era sorda. Es una opción que sea sorda, considerando que no tiene que escuchar nada y así nadie la puede distraer)
Lo cierto es que al principio me pareció simpática. Sólo quería invitarla a tomar un café para conocernos. Con el tiempo me fui enganchando a su juego de ignorarme. Empezaba a notar que cuando le hablaba se ponía nerviosa y le temblaba un poco la voz. Era casi imperceptible el cambio, pero yo que la conocía me daba cuenta.
Le decía de ir a tomar algo, pero nunca respondía. Eso acrecentaba mi interés en la presa y en la empresa. Hasta que un día le solté: -Tu voz me pone cachondo*, quiero poseerte-.
No me respondió, pero demoró una fracción de segundo en retomar su tarea. Quiso hablar pero no habló y de esa forma habló. Fue casi imperceptible la demora, pero yo que la conocía me daba cuenta.
Al mes hablábamos varias veces por día. La dejaba hacer su trabajo y en los silencios le contaba algo de mí. Hacíamos planes de futuro. Programábamos viajes a tierras remotas. Cada tarde la llamaba para contarle cómo me había ido en el trabajo. Me escuchaba respetuosamente. Pintaba linda la cosa.
Pero hará un par de semanas me telefonearon de la Seccional del barrio. Lo único que se me ocurrió es que hubieran encontrado algunas de las 7 u 8 cédulas que denuncié como perdidas. Imposible. Las tengo todas guardadas en un cajón. Es que la única forma de tener una cédula en buen estado es con el plan “renuévela anualmente usando la treta del extravío”.
No. El policía no se comunicaba por eso. El motivo era otro muy distinto: una denuncia de Antel contra mi persona. Se me acusaba de acoso sesual** a una máquina y bloqueo voluntario de línea. Parece que lo tienen todo grabado. Argumentan que por celos injustificados, yo llamaba, no colgaba y así le impedía hablar con otros. Según sus registros dicen que tenía un promedio de siete horas diarias de comunicación con el 16.
Patrañas. Puras patrañas. Mentira cochina. Es verdad que a veces teníamos conversaciones íntimas con expresiones subidas de tono, pero siete horas es mucho. Los abogados de Antel quieren dejarme como un loco, pero no lo lograrán. Lo nuestro es real. Cuando la libere del call center asiático en que la tienen retenida me tendrán que dar la razón, en especial los que creen que ella, paradójicamente, me da la hora pero no me da ni la hora.

(*) Cachondo: dicho de una persona, que está dominada por el apetito venéreo. Vg: ¡Cuando nombrás a tu hermana me pongo cachondo!
(**) Acoso Sesual: variante de acoso sexual en la que hay nulo contacto físico o visual, por lo que las ofensas e improperios van dirigidos mediante palabras directo al seso de la persona acosa.

El último boleto

¡La puta madre! ¡Qué faltó! Hay que joderse. 69697. Justo ese que no lo tenía. Además es capicuá si lo miro al derecho o patas para arriba. ¡Me cáchis, precisamente ahora que se están por terminar los boletos! Yo, un capicuero como pocos, presidente de la asociación uruguaya de coleccionistas de boletos capicúas, ala radical ortodoxa. O sea, que solo nos sirven los boletos chicos que pronto desaparecerán. No como a los del ala de centro, salamines de cuarta que juntan hasta boletos del subte porteño.
¡La puta madre! ¿Quién de todos estos giles que están sentados tendrá el 69696? Eso me pasa por haber venido a la parada que tenía más cerca. Tendría que haber ido a la parada anterior y con adelantarme al último en subir, ya estaba. Pero no. Ahora me jodo y me quedo sin ese preciado boletito.
¿Quién lo tendrá? Seguro que alguno de éstos vejigas y ni siquiera se enteró. Y yo que pagaría por tenerlo. Bueno, pago por tener todos los boletos, pero este en particular lo pagaría con algún peso más.
Mierda. Tengo como 200 boletos capicúas. Hasta repetidos. Pero éste, justo éste. ¿Quién lo tendrá? Lo puedo pedir. Lo más fácil es levantarme y preguntar en voz alta, pero claro, la mitad no van a mirar y la otra mitad si lo tienen me van a decir que no para quedárselo y el que se lo guarde, cuando vaya a su casa comentará mientras cena: “-Había un tipo en el ómnibus que colecciona capicúas. Se paró y preguntó quién se subió antes que él porque le quería cambiar el boleto. Je je. Y era yo, pero no le dije nada y me lo quedé”. Y después lo va a tirar a la basura. La puta que lo parió. Debe ser el pelado aquel que está contra la ventana. Qué cara de infeliz. Seguro que la mujer lo caga con un compañero de trabajo. Lo típico. Pelado de mierda, ¡que se joda!
O aquella mina. También tiene pinta de tenerlo ella. Seguro que no se enteró. Si el pelado es cornudo, qué dejamos para esta pánfila*. Esta respira porque es gratis. Se nota que es de esas que sube al ómnibus mirando donde va a sentarse, siempre evitando al que tiene pinta desprolija. Pendeja.
Aunque tal vez lo tiene ese cincuentón medio hippie, con cara de vegetariano y onda poloniesca**. Ese seguro que se lo guardó para reciclar. Recórcholis.
A ver. ¿Quién tiene pinta de haberse sentado hace poco? Mmmmmmmmmm. El liceal ese no, usa boleto de otro color subvencionado por un servidor. La vieja aquella tampoco, usa boleto de otro color subvencionado por un servidor. Además la muy chota todavía no estaría sentada si se subió en la parada anterior. Vieja gaga.
Yo me paro y pregunto. No pierdo nada. Porqué no pensar que hay gente buena que me lo dé sin mediar problema alguno. Sí. Eso. Con el día radiante que hay, todo el mundo debe estar súper contento. Puede que alguno piense que soy un ridículo o un fanático, pero con que me den el 69696 ya me alegran el día. Eso, si somos todos buenos. No hay nada como ayudar al prójimo. Acá voy. Suertempila yo.
-A ver gente. Escuchen. ¿Quién subió antes que mí? Porque le tocó un boleto capicúa y yo colecciono boletos capicúas, pero solo de estos, no como los falsos capicueros. ¡Eeeeeeeeehhhhhhh! No me hagan calentar que me sacó. ¿Quién tiene el 69696? Fíjense, no sean sorullos. No sean capullos. Muestren los boletos. Vamos. Muestren los boletos. Me cago en todos ustedes. Que nadie se haga el dormido. Vamos, que me bajo en la que viene. No me hagan sacar el arma. No vale la pena hacerse matar por un boletito de mierda. Ahhhhhhhh. Usted. Pelado cornudo. Así me gusta. Muy amable. Ven que la gente hablando se entiende. Abrime, chofer del orto. Gracias, obrero del volante. Muchas gracias. Tengan ustedes muy buenas tardes. Aquí no ha pasado nada.


(*)pánfilo: cándido, bobalicón, tardo en el obrar. Vg: ¡Cómo te comiste los mocardos con la rubia esa, pánfilo de mierda!

(**) Poloniesco: relativo al Cabo Polonio. También se admite: poloniezco, polonisco, polonesino, poloñés, polono y polonco. Advertencia: no confundir con polaniesco, que significa relativo a San Gregorio de Polanco, para lo que también se admite: polaniezco, polanisco, polanesino, polañés, polano y polanco.

viernes, 8 de mayo de 2009

Miss. La belleza va por dentro.

Mabel Benítez tenía una obsesión. Como toda obsesión no era algo de un día para otro. No. A sus 47 años ella seguí insistiendo. Había empezado a probar suerte a los 13 años, deseosa de que un día le tocara, segura de que un día le iba a tocar. Si por algo la conocían era por obstinada y perseverante.
Nadie le podía reprochar nada porque todo lo que hacía estaba apegado al reglamento. No había límite de edad ni de cantidad de cirugías. Claro que parecía cada vez más una mezcla de Michael Jackson y Silvia Suller, pero a ella no le importaba. Tenía plata y tiempo, así que no pasaba nada.
Entre los 13 y los 24 confió que la belleza que apreciaba en sí misma sería mérito suficiente. Entre los 25 y los 36 se dedicó a satisfacer los bajos instintos de todo aquel que pudiera tener incidencia en el fallo. A los 25 el presidente del jurado. A los 26 el presidente y el resto del jurado. A los 27, todo el jurado y el presentador. A los 28 incorporó el sonidista a la lista. A los 29 sumó a los tres señores que manejaban la cantina del club. A los 30 a los amigos del jurado. A los 31 años los favorecidos fueron casi 40 individuos, entre los que se contaban policías, bomberos y un viajante que pasaba por el pueblo el día de la elección y parecía llevarse bien con el presidente del jurado. A los 32 comenzaron a integrar la lista los hijos mayores de todos los anteriores. A los 33 amigos de todos. A los 34 empezó a incluir entre los destinatarios de los servicios algunas esposas y novias del jurado. A los 35 años agregó a la lista la mujer del presentador y comprobó que ni así resultaba positiva la estrategia.
Decidió cambiar de plan. Fue entonces que comenzaron las cirugías. Primero cola y pechos. Luego labios y patas de gallo. La nariz para que quedara más linda. Más adelante la papada y una costilla menos. Después liposucción. A la octava intervención empezó a sentir que tal vez fuera cierto aquello de que lo barato sale caro. Estaba rara. Un “escracho”, decían los niños del barrio. “Homenaje vivo al eslabón perdido”, le llamaba el veterinario de su can caniche.
Para entonces, además de participar cada año en el concurso de Miss Villa Luisa confiada en que finalmente iba a recibir la corona a la mujer más hermosa, también era la imagen de una campaña publicitaria del supermercado del pueblo. Un aviso donde posaba de bikini delante de un decorado de cartón que asemejaba una isla de la Polinesia. Un decorado decolorado por el tiempo. Fuera de época. El comercio tenía por denominación el diminutivo del nombre de la esposa del dueño: Mabelita.
Los concursos de belleza de Villa Luisa siguen sucediéndose año a año. Sobre el final de este verano del año cero nueve, luego de culminada una nueva edición del certamen de belleza local, la más veterana de las participantes por el título de reina siente que la bocharon injustamente. La corona se la llevó una joven de 17 años. Morocha de ojos verdes. 91-60-91. Hija de un edil. De pocas luces. El edil.
En el momento de la premiación, Mabel se acercó a la ganadora y le dio un beso en la mejilla a su sobrina. La muchacha la abrazó y le dijo:
-Tía, te volvieron a afanar. No bajes los brazos y nunca te olvides, tía, nunca te olvides, que la belleza va por dentro.
-Por dentro va la procesión, sobrina, no me llenes los ovarios.
-La belleza está en tu cabeza, tía.
-Sobrina: porqué no te vas a cagar un poquito.

jueves, 7 de mayo de 2009

Llegó el frío

-¡Llegó el frío!
-¿Qué frío?
-¿Cuál va a ser? ¿El frío de la fplata?
-Ese, o el frío fnegro.
-¿Usted tiene algún problema conmigo?
-Tengo un problema que si quiere puede ayudarme. Es para un concurso de esos de las tapitas de cerveza. Sacar un cálculo es. Luego hay que mandar la respuesta en sobre doblemente lacrado a Enriqueta Compte y Riqué uno dos tres cuatro y esperar que la suerte venga.
-¿Cómo el frío?
-Como quiera pero que venga. Se sortea un viaje a la isla Sant Martin, que no se bien donde queda pero suena a calorcito, sol y palmeras, una lugareña trayendo un cóctel a las tres de la tarde servido en una piña ahuecada, agua transparente lo que se dice transparente, arena fina lo que se dice fina y uno soltero lo que se dice soltero.
-Bueno, ¿dónde hay que raspar?
-Ningún raspar. Es sacar un cálculo y chau.
-¿Chau y algo más?
-Claro. Chau y ojalá que volvamos a vernos. Lo que sería una señal de que acertamos la respuesta y ganamos el sorteo.
-Ok. Capici.
-¿Me ayuda con la resolución, entonces?
-Por supu, para algo están los amigo. ¿Somo amigo o qué somo?
-Ahí va. Leo.
-Yo Acuario.
-Acuario: Tendrá problemas a nivel de pareja. Su señora le echará en cara que nunca lava los platos, cosa que es cierta, para qué negarlo.
-Sí, pero yo laburo todo el día.
-Ella también.
-Lea.
-Leo: Un mozo trabaja ocho horas diarias a según el contrato. Cada hora sirve catorce cervezas de litro, de las cuales once son de la marca cervecera de la promoción que nos incumbe. De esas once, cuatro están frías, cuatro más o menos y las tres restantes a temperatura ambiente. La pregunta: ¿cuántos erutos* producen las cervezas de la marca promocionada que vende ese empleado durante toda su jornada laboral, si tomamos en cuenta que cada cerveza fría produce una media de ocho erutos, una más o menos cinco y una a temperatura ambiente un erutito y medio, de promedio?
-¡Uf… está complicado!
-¡Lo mismo habrán pensado los Treinta y Tres Orientales y arrancaron igual!
-Sí, sí, no lo dudo.
-Veamos. Un mozo. Ocho horas. Catorce birras. Once de las buenas. Isla Sant Martin. La lugareña trayendo el cóctel. La lugareña… ¡Pere que me distraigo!
-Pero… pero…
-A ver: uno, ocho, catorce, once, cuatro, cuatro, tres, ocho, cinco, uno y medio. ¿Anotó? Tiene el resultado ahí. Vamos, lacre el sobre y nos vamos a esa isla.
-No es tan fácil. Me da… A ver, si yo le pedí ayuda a usted, ¿porque soy yo el que está sacando la cuenta?
.¿Somo amigo o no somo amigo?
-La verdad, hasta hace un rato no nos conocíamos.
-Pero nos vamo a Sant Martin. Anote: 4520 erutos de los buenos, aunque los de cerveza natural no sonaban mucho pero igual hay que contarlos.
-¿Tanto? No se habrá comido la coma.
-¿Comido la coma? Yo mido la coma, y cómo.
-¿Come mucho?
-La coma igual sí, tengo que revisar. Siempre hay que hacer las cuentas dos veces, por las deudas. Pero comer, lo que se dice comer… hay otros que comen más, se lo aseguro.
-Ni que decirlo.
-Yo mandaría una respuesta con coma y otra sin coma. Y otra con la coma movida para adelante, porque con coma movida para atrás sería repetir respuesta, aunque ahí tendríamos doble chance.
-Coincido en lo de coma para adelante. Ahí nos entendemos. Con tres versiones distintas de coma y chau. Tres lacrados y a esperar el sorteo.
-Eso. Comprar un bronceador Rayito de Sol y cruzar los dedos para que se nos parta el tuje. Factor 45, porque usted parece que tiene la piel sensible.
-Por no hablar de su familia.
-Bueno bueno, bajando un cambio.
-Hablando de cambio ¿a cuánto está el dólar de Sant Martin, o el franco?
-Eso se ve después. Primero vamos a ver cómo sale el sorteo, que es el jueves que viene a las 22:00, en directo por canal 8.
-¿Ocho?
-El culo te abrocho.
-¡Muy listo!
-Me lo sirvió en bandeja. Quedamos acá el jueves y vemos. Si ganamos ganamos y si no ganamos…
-¡No me diga nada… no ganamos!
-Eso mismo. A buen entendedor, patada en los cojones.

(*) Cierto es que la Real Academia aprecia más el término eructo, con ce, pero la verdad, para qué mentirnos, ¿quién la pronuncia? Además, “erutos” también vale.

miércoles, 6 de mayo de 2009

El muchacho y la muchacha

Ella- ¿Le ponés mostaza a tu pancho?
El- Aprovechá ahora, groncha, que tu marido se fue a la cancha y no sospecha, y ponele lo que vos quieras.
Ella- ¡Qué guacho guaso que sos!
El- Hablo ella, la cucaracha rechoncha que cuando se agacha muestra su bombacha comprada en Rocha, incluida la hucha.
Ella- Te hacés el macho pero después vamos al rancho y ese gaucho abajo del poncho no debe tener ni ocho centímetros de bizcocho.
El- Callate, si estás chocha que te lo diga.
Ella- ¿Te miraste al espejo? Sos un escracho. Un mamarracho. Un bicho mezcla de carancho, carpincho y chancho.
El- Podrías decir cerdo, que suena mejor.
Ella- Pero no me sirve.
El- ¡Y vos, menuda ficha!
Ella- ¿No querés que te haga gancho con Pocho, el morocho que se garchó a tu amigo Nacho Camacho?
El- Andá a lavarte la roncha al río.
Ella- Finísimo el muchacho.
El- Porque la muchacha tiene alcurnia, solo bebe vino garnacha.
Ella- Ese vino es para las tortas.
El- Por eso lo digo, morocha ancha.
Ella - Te escucho.
El- Que me contó el Laucha, que te vieron muy pancha en la Plaza Cagancha, media borracha, abrazada a una que era parecida a la Chacha de Patoruzú.
Ella- De vos me dijo el Carloncho que el Tincho te encontró no muy vivaracho, más bien malucho, luego de un encuentro con el Pocho. Sospecho lo que te ha hecho. Se aprovechó de un zolocho como vos y él que es remacho te remachó el tacho de tal forma que tembló hasta el techo.
El- Tu pasado te acecha. Cincha por volver aquella jovenzuela que usaba vincha de Nacha Guevara, famosa por su colcha deshecha que pocos hombres del barrio desconocen.
Ella- Habló el que se agachó a juntar un corcho que descorchó en casa de su amigo Juancho y terminó en un lecho borracho fumando un troncho, luego que relinchó tan chocho tras un buen trecho de cariño.
El- Qué rea. Si serás trucha. Estás pochocha, pero por más pilcha y facha que te pongas, se te ve la hilacha.
Ella- A vos sí que te ficho. Sos más facho que Pinocho, el chileno pendorcho que por suerte se fue al nicho.
El- Estás pirucha. No me digas eso, que me caliento y se me hincha la vena.
Ella- A vos lo que se te hinchó cuando te nombré a Pocho fue otra cosa. Sacate la saliva del mostacho, estás pensando en un cacho de lapacho que te produzca empacho.
El- Bueno, guacha hincha de la garcha, cambiemos de tema. Estamos muy soeces hoy.
Ella- De acuerdo. Tacho lo dicho. Desecho el diálogo hecho. Me pincho un pecho como castigo.
El- Digamos basta a esta malhecha y maltrecha larga racha de palabrejas.
Ella- ¿Tenés un pucho?
El- ¡La pucha! Los dejé en la lancha estrecha, arriba de la pinocha llena de escarcha, entre la percha y el hacha. A la derecha de la cucha de la perra Pocha, la que tiene una mancha con forma de picha.
Ella- El flacucho del carro de chorizos nos vichó un rato, fichó la conversa, se cansó y con despecho arrancó derecho y despachó a ese que llegó después.
El- Es el Pacha Barilko.
Ella- Vamos a pedir el morfi. De tomar quiero un refresco cola.
El- ¡Flaco, escuchá! Yo quiero una hamburguesa a la plancha, con remolacha y chaucha picada. Ahhh, y una loncha de jamón. De beber trae cocucha efervescente, que engancha.
Ella- Me cacho. Menudo sancocho te vas a comer. Te faltó crema de pistacho. Igualmente, buen provecho.
El- ¿Y vos, cococha?
Ella- Un pancho.
El- ¿Con mostacha?
Ella- Con lo que quieras, papucho, pero ponele mucho.

martes, 5 de mayo de 2009

Carta al año en curso

Estimado 2009:

Hola. Tal vez no me ubiques. Es que soy un simple ciudadano con mucha menos prensa que vos, que día a día estás presente en nuestros medios de comunicación. Yo, en lo que va de vos, tan solo salí una vez en un diario, en las necrológicas, y ni siquiera en esos pocos centímetros cuadrados tenía el rol protagónico. Aparecía incluido en la expresión “y sus sobrinos”. El punto es que soy un humilde mortal -como vos viste, pero sin fecha de caducidad prefijada-. Perdoná la franqueza, pero entre mortales no vamos a andar perdiendo el tiempo. Los dos estamos acá para hacer lo que podemos. La verdad, ahora que pienso, no se si quisiera estar en tu lugar, que en 366 días... ¡Uy... se me escapó! Perdón de nuevo. Me olvidé que no eras bisiesto. Decía, que vos, en 365 jornadas tenés que manejar un montón de temas y situaciones para las que la escuela de la vida no te da mucho tiempo de adaptación. Tal vez es como cuando van a jugar un partido de fútbol a la altura de La Paz, que hay quienes dicen que lo mejor es llegar un rato antes e ir directo a la cancha. Por otra parte calculo que en ese corto tiempo del que disponés querrás darte tu linda vidurria, cosa que entiendo perfectamente y comparto. Faltaba más.
Espero que hayas disfrutado Turismo. ¿Viste qué lindos días? Ahora que llegó el fresquete toca darle duro hasta que las hojas de tu taco de almanaque se agoten. Por eso se me ocurrió escribirte unas líneas para plantearte algunos temas y lograr así una buena convivencia en el tiempo que te resta.
En primer lugar quiero que sepas que me compadezco de lo que te tocó en suerte. Supongo que cuando viste lo que se te venía habrás intentado cederle tu lugar a algún colega. Intuyo que la expresión “año electoral” te debe tener las bolas llenas. Como si fuera poco parece que se agregan un par de votaciones extras de sendos referéndums. Es que a los uruguayos nos gustan, ¿sabés? Para nosotros votar sin referéndums es como no es votar.
Además te tocó año de Eliminatorias para un Mundial de fútbol, otra que también te la regalo y más en este país quintopuestista. Podrás haber notado que nos vamos perfeccionando. Primero fuimos al repechaje y lo ganamos sobre el pucho. Después fuimos a alargue y marchamos por penales. Ésta vez seguro que vamos a sorteo con El Salvador, que por ahora es el temible equipo al que tendremos que enfrentar para conseguir el pasaje a Sudáfrica.
Encima, la crisis que no se va. Menudo paquete te dejó tu amigo 2008. ¿Qué te dijo cuando te entregó la posta? ¿Se reía mucho el hijoputa? ¡Se tiran con flores ustedes, eh!
En fin. Lo que quería decirte es que vos tenés pinta de complicado y como me la veo venir se me ocurrió que podemos fijar buenos términos de convivencia. Ya vi que sos medio calderita de lata, si se me permite la expresión. Entraste con una sequía de la chacón de la lora y como te putearon de todos lados rajaste unas lluvias tipo diluvio universal. Ahora seca de nuevo. En la Vuelta Ciclista nos anotaste un poroto haciendo que ganara un yanqui. Con la crisis internacional no das buenos síntomas de ponerte las pilas. El quinto puesto parece una fija.
Que sepas que entiendo que quieras pasarla bomba, pero dame un margen, papá. No te voy a pedir que el peso uruguayo sea moneda de referencia internacional ni que termines el Palacio de Justicia, pero tirame algún huesito con carne. Resumiendo y para hacerla corta: quería pedirte una cosa y no te jodo más porque se que andás muy ocupado. Necesito una manito tuya para el sorteo de servidor de café en el Palacio Legislativo. Con eso es suficiente. Si sale, prometo escribirle a Benedicto para que te canonicen. Aunque para eso necesitás otro milagro... ¿Alguna vez sentiste hablar de un cuadro de fútbol llamado Sud América? Ahí tenés el otro milagro. Dale. Jugátela.

Atentamente,
el mismo que aparece como remitente en la parte delantera del sobre.