Por fin terminó. No el Mundial, sino la penca respectiva. Menudo sufrimiento resulto ser eso de apostar a favoritos. Caer en las redes de la vanidad pensando que uno sabe algo de fútbol y queren demostrarlo en público. Gran error gran. Pasar un mes sufriendo ya no por el desempeño del combinado celeste, sino por el resultado de cada partido de cada una de las 32 selecciones que pasaron por Sudáfrica. No solo de si ganaban, perdían o empataban. No. Mucho más diabólico es el asunto de la penca. Hay que pegarle al resultado exacto, para que los culones de turno que encabezan día a día la competencia no se despeguen de todos en general y de uno en particular.
Hay que decirlo. Una penca es divertida -eso es innegable- pero se sufre demasiado. Y aún anotar un buen puntaje en la penca era sufrimiento. Porque pocas cosas hay más desgradables que desear que España le haga 5 goles a los hermanos hondureños, que Brasil le gane 6 a 1 a los simpáticos norcoreanos o que Alemania le haga 4 a los australianos. Porque el objetivo ya no es que acertarle al ganador, sino al resultado, algo mucho más difícil. Que el partido termine 6 a 1. Tal cual. Esos goles y no otros.
¿Cómo puede ser que uno no haya gozado lo indecible cuando Nueva Zelanda le empató a Italia? ¿Cómo no brindar ante la eliminación de Inglaterra? ¿Cómo no alegrarse por la pronta vuelta a casa del equipo danés? Por no decir lo peor: esa sensación agridulce ante cada buena presentación del equipo del Maestro Tabárez, que con cada triunfo alegraba tanto como hundía en la penca, para qué negarlo.
Ahora que el Mundial de Sudáfrica culminó queda un gusto amargo por culpa de la penca. Esta vez los celestes cumplieron, mientras que la intuición falló como tantas veces.
¿A quién echarle la culpa entonces si el apostador de pencas mundialistas el es único animal que tropieza cada cuatro años con la misma piedra? Siempre es igual. Pérdida de dinero. Pérdida de tiempo. Pérdida de prestigio, porque todos se dan cuenta que uno no sabe un sorete a la vela de fútbol internacional. Pérdida de momentos memorables que no se alcanzan a disfrutar al máximo, como la caída del luego campéon España ante Suiza o el empate de Inglaterra con Argelia.
Lo feo es eso de perverso que tienen las pencas. Uno la hace para ganar y para ello aplica la lógica. Entonces lo previsible es lo conveniente, o sea que hay que jugarse a los favoritos de siempre, a los pillados, a los creídos, a los que la van de estrellas. Porque son los que pagan más seguro. Pero eso se da de bruces con lo que uno desaría. Con que los coreanos -sean del Sur o del Norte- derroten contundentemente a un buen equipo europeo. O los hondureños o los uruguayos, por qué no decirlo. Así que para la próxima vez, antes de sumarse a una nueva penca mundialista habrá que pensarlo más de dos veces.
Pero bueno. Para qué engañarse. Cuando el 2014 vaya promediando ahí estaremos una vez más. Completando un fixture a mano en una fotocopia o en un archivo de excel. O en un holograma, tal vez. Pero allí estaremos. Si la salud no falla. Armando a cambio de algunos pesos el pronóstico individual. Intentando aplicar lo aprendido: que siempre hay una sorpresa, que solo un par hacen los 9 puntos del grupo, que cada vez hay menos goles, que Alemania es Alemania, que siempre un semifinalista es inesperado y que tal vez un asiático o africano se mete entre los 8 mejores. Será cuestión de esperar que pasen 4 años y afinar un poco, tanto el lápiz, como el ingenio.
Vertedero final de lo que alguien publica y publicaba bajo la firma de El Trufa en la revista Guambia. El principal mérito, según dijo una vez el jefe, es la constancia.
domingo, 18 de julio de 2010
domingo, 11 de julio de 2010
Algo que duela *
Raparse a cero. Ir caminando de Montevideo a Bella Unión. Bañarse en pelotas en la fuente del Obelisco. Dejar de ingerir bebidas alcohólicas por un lustro. Hacerse vegetariano de por vida. Tatuarse la escarapela nacional en el medio de la frente. Saltar en paracaídas con la camiseta de Argentina. Dejar de usar celular. Abrir una cuenta de facebook, otra de twitter y postear todos los días en ambas. Donar el aguinaldo a la AUF. Leer todos los libros de Mercedes Vigil. Leer todos los libros de Karl Marx. Ir hasta La Hora de los Deportes y arrodillarse delante de Gorzy. Hacerse numerario del Opus Dei. Comprar la Rifa de Arquitectura todos los años. Empezar la dieta. Aprender de memoria todas las formaciones titulares del mundial de Sudáfrica. Depilarse de pies a cabeza. Cruzar la bahía de Montevideo nadando perrito. Renunciar al trabajo y emprender un viaje de meditación a la India. Cambiarse de sexo. Aprender a escribir con la otra mano. Hacer la cama todos los días. Ir a La Pasiva e ingerir 24 panchos con mostaza en menos de 5 minutos. Gastar 500 pesos en boletos para las sillitas voladoras del Parque Rodó y ponerse a dar vueltas hasta que se terminen (no se suspende por chivo). Asesinar algún presidente o estrella de música pop latina. Aprender chino mandarín. Alimentarse toda una semana solo con galletas de arroz y agua. Empezar a entrenar para correr un maratón. Conectarse a Internet y mirar durante 48 horas seguidas grabaciones de Don Francisco. Dejarse la barba de por vida. Quemar todas las pertenencias propias. Quemar todas las pertenencias de otra persona. Empezar a fumar hasta alcanzar el promedio de dos cajillas diarias. Convertirse al judaísmo. Ir a la Antártida y tirarse al agua con un calzoncillo con la bandera uruguaya pintada. Salir disfrazado de mamavieja en las próximas Llamadas. Pintarse el cuerpo de celeste y caminar todo 18 de Julio desnudo un viernes de tarde. Ingerir las propias heces. Desayunar polenta hasta fin de año. Mirar Telenoche 4 entero todos los días. Alquilar un disfraz de Hombre Araña y así vestido interrumpir una sesión parlamentaria. Lucir uñas pintadas -cada una de un color distinto- durante 3 meses. Poner todos los días el despertador a las 7 de la mañana de ahora hasta el partido inaugural de Brasil 2014. Intentar superar la carrera televisiva del Colorado de Omar Gutiérrez. Mandarse un clavado en las cataratas del Iguazú. Empezar a coleccionar sellos. Ir de rodillas hasta el Cerro Catedral. Dejar de escribir boludeces. Teñirse el pelo de celeste. Tener un hijo y bautizarlo Jabulani. Entrar a un velorio haciendo sonar una vuvuzela.
Algo hay que poner de nuestra parte, está claro. Aunque seamos público. No es: "ustedes corran que nosotros festejamos". Así no es. Algún precio hay que pagar por la copa si realmente la deseamos. Prometer algo que duela bien puede ser la moneda de cambio.
Si la gloriosa celeste vence en la final del domingo y somos campeones del mundo, todos tenemos que aportar nuestro sacrificado granito de arena. Que así sea.
(*) Es lunes y confianza es lo que sobra. Todavía no se sabe si le ganamos a Holanda. O sea que aún podemos ser campeones, a diferencia de otros. Pido perdón si la situación lo amerita -entiéndase si nos fue mal con los tulipanes- pero esta página debía estar escrita antes del martes. Si los de camiseta anaranjada nos dejaron afuera, querido lector, tome este pequeño texto como un recuerdo nostálgico del sueño que abrazábamos días atrás, cuando para envidia de casi todo el planeta éramos uno de los cuatro países que podían ser campeones del mundo.
Algo hay que poner de nuestra parte, está claro. Aunque seamos público. No es: "ustedes corran que nosotros festejamos". Así no es. Algún precio hay que pagar por la copa si realmente la deseamos. Prometer algo que duela bien puede ser la moneda de cambio.
Si la gloriosa celeste vence en la final del domingo y somos campeones del mundo, todos tenemos que aportar nuestro sacrificado granito de arena. Que así sea.
(*) Es lunes y confianza es lo que sobra. Todavía no se sabe si le ganamos a Holanda. O sea que aún podemos ser campeones, a diferencia de otros. Pido perdón si la situación lo amerita -entiéndase si nos fue mal con los tulipanes- pero esta página debía estar escrita antes del martes. Si los de camiseta anaranjada nos dejaron afuera, querido lector, tome este pequeño texto como un recuerdo nostálgico del sueño que abrazábamos días atrás, cuando para envidia de casi todo el planeta éramos uno de los cuatro países que podían ser campeones del mundo.
lunes, 5 de julio de 2010
Chau chau adiós
Se fueron y vaya a saber uno hasta cuando. Se fueron sin fecha de volver. Con aviso previo, y como bien suele decirse, el que avisa no es traidor. Simplemente cantaron retirada por tiempo indefinido. Se tomaron el buque. Sin aspavientos. Sin alharaca. Sin fuegos artificiales ni nada por el estilo.
El pasado miércoles 30 de junio fue su último día en sociedad. Su postrera oportunidad de lucirse -nunca mejor dicho- ante los ojos de todos nosotros.
Hicieron lo que pudieron, reconozcámoslo. Porque en este país están hechos para eso. Para aguantar el vendaval el mayor tiempo posible como puedan.
Se van dolidos, está claro. Porque nunca son gran cosa, pero siempre en la etapa de la novelería la gente repara más en ellos. Hasta podría decirse que les tiene cierto respeto. Los encuentra más útiles, porqué no decirlo.
Pero ahora, cuando emprenden la retirada, pocos se acuerdan de ellos. Nadie les agradece lo servicios prestados. Nadie entona una oración deseando su pronto regreso. Nadie levanta una copa y brinda en gesto de respeto sentido. Nadie pone una mísera esquelita en la página necrológica del diario en señal de luto.
Se van sin que los lloren, que es la peor forma de irse. Sin velatorio ni entierro. Sin pira funeraria, ni nada por eso. Se van. O los van, mejor dicho. Porque si no los sacaran a prepo seguro que seguirían luchando como hasta ahora, tan solo para dejarse ver en alguna ocasión propicia.
Se van y casi nadie notará su ausencia. Pero ellos no son pocos, porque en total suman 140 millones. Sí. Algo así como un holocausto y nadie dice nada. Ninguna voz se alza ante su extinción. Porque no son una especie en extinción. Eran. Ahora son una especie extinta. C'est fini con ellos.
Así que si nadie va a decir nada, esta humilde página quiere hacerles una especie de cortejo fúnebre imaginario. Un sentido homenaje. Un respetuoso minuto de silencio de sesenta segundos. Una bandera a media asta. Un brazalete negro sobre el buzo de lana invernal. Un QEPD de todo corazón. Un que les garúe finito.
A pesar de lo que diga el almacenero o el kiosquero del barrio, que ingratamente no los aceptan hace tiempo; mucho antes de lo que deberían haberlo hecho. A pesar de los insensibles economistas que toman decisiones tan desagradables como esta. A pesar de los porteños, que para nuestra envidia provinciana, ellos sí conservan algo parecido.
Hoy quiere el destino que sea el turno de la retirada de los que iban quedando. De los que subsistían. Antes le había tocado el turno a sus hermanos menores. Ahora el último foco de resistencia se apaga. Que los velen. Que se los recuerde, porque forman parte de la historia de este país.
Así que sí. Muchas gracias por todo. Ojalá que volvamos a vernos. Aunque con esto de los bloques regionales, quién sabe. Tal vez terminen viniendo en su lugar otros parecidos, pero parecido no es lo mismo. Capaz en una próxima devaluación. Aunque para entonces la influencia porteña en una de esas nos influya más de lo deseado. Esperemos que no.
Por las dudas guardaré está última moneda de 50 centésimos. Lo prometo. Una de esas que nadie quiere. Con la carita de Artigas. Acuñada en 1998, antes que cambiara el siglo. Durante un mundial que no jugamos. Bien guardada, hasta que vuelvan los centésimos al Uruguay. Esos centésimos que se acaban de ir, sin pena ni gloria, hasta nuevo aviso. O no. Vaya a saberse.
El pasado miércoles 30 de junio fue su último día en sociedad. Su postrera oportunidad de lucirse -nunca mejor dicho- ante los ojos de todos nosotros.
Hicieron lo que pudieron, reconozcámoslo. Porque en este país están hechos para eso. Para aguantar el vendaval el mayor tiempo posible como puedan.
Se van dolidos, está claro. Porque nunca son gran cosa, pero siempre en la etapa de la novelería la gente repara más en ellos. Hasta podría decirse que les tiene cierto respeto. Los encuentra más útiles, porqué no decirlo.
Pero ahora, cuando emprenden la retirada, pocos se acuerdan de ellos. Nadie les agradece lo servicios prestados. Nadie entona una oración deseando su pronto regreso. Nadie levanta una copa y brinda en gesto de respeto sentido. Nadie pone una mísera esquelita en la página necrológica del diario en señal de luto.
Se van sin que los lloren, que es la peor forma de irse. Sin velatorio ni entierro. Sin pira funeraria, ni nada por eso. Se van. O los van, mejor dicho. Porque si no los sacaran a prepo seguro que seguirían luchando como hasta ahora, tan solo para dejarse ver en alguna ocasión propicia.
Se van y casi nadie notará su ausencia. Pero ellos no son pocos, porque en total suman 140 millones. Sí. Algo así como un holocausto y nadie dice nada. Ninguna voz se alza ante su extinción. Porque no son una especie en extinción. Eran. Ahora son una especie extinta. C'est fini con ellos.
Así que si nadie va a decir nada, esta humilde página quiere hacerles una especie de cortejo fúnebre imaginario. Un sentido homenaje. Un respetuoso minuto de silencio de sesenta segundos. Una bandera a media asta. Un brazalete negro sobre el buzo de lana invernal. Un QEPD de todo corazón. Un que les garúe finito.
A pesar de lo que diga el almacenero o el kiosquero del barrio, que ingratamente no los aceptan hace tiempo; mucho antes de lo que deberían haberlo hecho. A pesar de los insensibles economistas que toman decisiones tan desagradables como esta. A pesar de los porteños, que para nuestra envidia provinciana, ellos sí conservan algo parecido.
Hoy quiere el destino que sea el turno de la retirada de los que iban quedando. De los que subsistían. Antes le había tocado el turno a sus hermanos menores. Ahora el último foco de resistencia se apaga. Que los velen. Que se los recuerde, porque forman parte de la historia de este país.
Así que sí. Muchas gracias por todo. Ojalá que volvamos a vernos. Aunque con esto de los bloques regionales, quién sabe. Tal vez terminen viniendo en su lugar otros parecidos, pero parecido no es lo mismo. Capaz en una próxima devaluación. Aunque para entonces la influencia porteña en una de esas nos influya más de lo deseado. Esperemos que no.
Por las dudas guardaré está última moneda de 50 centésimos. Lo prometo. Una de esas que nadie quiere. Con la carita de Artigas. Acuñada en 1998, antes que cambiara el siglo. Durante un mundial que no jugamos. Bien guardada, hasta que vuelvan los centésimos al Uruguay. Esos centésimos que se acaban de ir, sin pena ni gloria, hasta nuevo aviso. O no. Vaya a saberse.
miércoles, 30 de junio de 2010
No cambies nunca
Algo bueno tiene que tener el frío, que si quiere dicho sea de paso ya puede ir perfilándose para otras tierras y dejarnos tranquilos. ¿Y qué tiene de bueno? Esteee... Las mandarinas. Seamos concisos. Dejémonos de vueltas al santo pepe que después se termina la página y quedan cosas pendientes.
Las mandarinas son de lo poco bueno que hay en esta época del año. Son ricas, sanas, refrescantes, económicas, fáciles de pelar, sirven como amansaloco y tienen el mismo color que la camiseta de Sud América. ¿Qué más se puede pedir?
Lo primero a destacar de tan noble fruto es que cumple la exigente regla de las tres B. Es buena, bonita y barata. Quince pesitos el kilo en una reciente adquisición almacenera. Y antes que eso, antes que los pesos, previamente nos gana con su porte. Ese tamañito tan fácil de agarrar y trasladar. Esa coloración tan agradable. Esa textura exterior tan placentera al tacto. Ese aroma tan fresco, envidiable y atrapante. Esa elegancia con que viste la frutera de plástico verde barato.
Por otra parte, la tarea de quitarle esa especie de relámpago blanco y vegetal que tiene cada gajito y dejarlo limpio perfecto, como quien se saca arena de entre los dedos del pie luego de un día de playa, funciona como un buen amansaloco. Que además es ecológico además. Que resulta ideal para momentos de estrés, meditación o simplemente hacer pasar el tiempo en el diario afán de transcurrir apaciblemente la jornada laboral hasta que llegue el momento de abandonar el yugo cruel de las 40 horas semanales.
¡Cómo no decir nada de su color! El más lindo del mundo. El color del fuego, los camiones de la Intendencia y la mayoría de las trinchetas. Que una casualidad hizo que coincidiera con la camiseta de esa gloria inmortal llamada Institución Atlética Sud América.
Lo único negativo que se le puede encontrar a tan sublime fruta es el riesgo de abrir una mandarina y que esta esté seca. Pero eso se puede evitar con cierto conocimiento.
¿Cómo hacer para saber si está buena o no? Ante esta duda mi amiga Viqui Pedia creo que me dió un buen consejo, aunque nunca termino de fiarme cien por ciento de ella. Según dice ella, al igual que cualquier otro cítrico una mandarina si es jugosa debe ser pesada, así que recomienda elegir las que pesen más en relación con su tamaño. Además, que las mejores son las que tienen la piel blanda pero no arrugada y bien pegada a los gajos. Pegada a los gajos. Por último, más que el color importa el olor, dulce e intenso cuanto más madura.
¡Oh, mandarina mandarina! ¡Oh, fruto del mandarino, árbol parecido al naranjo pero más pequeño y delicado! ¡Oh, cítrico con gajos de pulpa conformada por numerosas vesículas llenas de jugo! ¡Oh, pariente cercana de la naranja, levemente achatada en los polos! ¡Oh, producto originario de lejanas zonas tropicales asiáticas que tan bien te adaptaste a las tardes de sábado en el Parque Fossa!
¡Gracias por hacernos más llevadero el cruel invierno! ¡Gracias por ser tan refrescante, dulce y jugosa! ¡Gracias por tu tamaño pequeño, tu sabor aromático y la facilidad con que se puede pelarte! ¡Gracias por tu efecto saciante y tu vitamina C, entre otros sanos aportes! ¡Gracias... totales!
Las mandarinas son de lo poco bueno que hay en esta época del año. Son ricas, sanas, refrescantes, económicas, fáciles de pelar, sirven como amansaloco y tienen el mismo color que la camiseta de Sud América. ¿Qué más se puede pedir?
Lo primero a destacar de tan noble fruto es que cumple la exigente regla de las tres B. Es buena, bonita y barata. Quince pesitos el kilo en una reciente adquisición almacenera. Y antes que eso, antes que los pesos, previamente nos gana con su porte. Ese tamañito tan fácil de agarrar y trasladar. Esa coloración tan agradable. Esa textura exterior tan placentera al tacto. Ese aroma tan fresco, envidiable y atrapante. Esa elegancia con que viste la frutera de plástico verde barato.
Por otra parte, la tarea de quitarle esa especie de relámpago blanco y vegetal que tiene cada gajito y dejarlo limpio perfecto, como quien se saca arena de entre los dedos del pie luego de un día de playa, funciona como un buen amansaloco. Que además es ecológico además. Que resulta ideal para momentos de estrés, meditación o simplemente hacer pasar el tiempo en el diario afán de transcurrir apaciblemente la jornada laboral hasta que llegue el momento de abandonar el yugo cruel de las 40 horas semanales.
¡Cómo no decir nada de su color! El más lindo del mundo. El color del fuego, los camiones de la Intendencia y la mayoría de las trinchetas. Que una casualidad hizo que coincidiera con la camiseta de esa gloria inmortal llamada Institución Atlética Sud América.
Lo único negativo que se le puede encontrar a tan sublime fruta es el riesgo de abrir una mandarina y que esta esté seca. Pero eso se puede evitar con cierto conocimiento.
¿Cómo hacer para saber si está buena o no? Ante esta duda mi amiga Viqui Pedia creo que me dió un buen consejo, aunque nunca termino de fiarme cien por ciento de ella. Según dice ella, al igual que cualquier otro cítrico una mandarina si es jugosa debe ser pesada, así que recomienda elegir las que pesen más en relación con su tamaño. Además, que las mejores son las que tienen la piel blanda pero no arrugada y bien pegada a los gajos. Pegada a los gajos. Por último, más que el color importa el olor, dulce e intenso cuanto más madura.
¡Oh, mandarina mandarina! ¡Oh, fruto del mandarino, árbol parecido al naranjo pero más pequeño y delicado! ¡Oh, cítrico con gajos de pulpa conformada por numerosas vesículas llenas de jugo! ¡Oh, pariente cercana de la naranja, levemente achatada en los polos! ¡Oh, producto originario de lejanas zonas tropicales asiáticas que tan bien te adaptaste a las tardes de sábado en el Parque Fossa!
¡Gracias por hacernos más llevadero el cruel invierno! ¡Gracias por ser tan refrescante, dulce y jugosa! ¡Gracias por tu tamaño pequeño, tu sabor aromático y la facilidad con que se puede pelarte! ¡Gracias por tu efecto saciante y tu vitamina C, entre otros sanos aportes! ¡Gracias... totales!
domingo, 13 de junio de 2010
Consejos para disfrutar aunque no le guste
Ya sabemos que a usted no le gusta el fútbol, pero no puede negar que se enteró que ayer la gloriosa Celeste debutó contra el representativo galo en una nueva edición del certamen que congrega a las mejores selecciones nacionales del planeta. Las 32 mejores, para ser más precisos.
Aunque lo desee, usted no puede escaparse de un Mundial de Fútbol. No sea ingenuo.Otros ya lo intentaron antes. ¿Acaso no sabe que es en Sudáfrica o que hay un futbolista portugués metrosexual que se llama Cristiano Ronaldo? No niegue la realidad. Lo mejor es rendirse a la evidencia, relajarse y disfrutar en la medida de lo posible. Así que a continuación van algunas sugerencias para amenizar estas semanitas que pronto serán recuerdo.
Vea sufrir al prójimo. Poca cosa hay más reconfortante que ver sufrir a los hinchas de algún equipo. Puede ir a un bar y sentarse durante un partido de Uruguay en alguna mesa libre, o sea en las que no tienen visión directa al televisor, y observar las diversas reacciones y emociones que despierta el principal deporte. Preste especial atención en los minutos finales, fácilmente reconocibles por la compulsión de los televidentes a ver su reloj pulsera y luego formular algún comentario breve hacia uno de sus lados.
Participe en una penca. Actividad altamente recomendable es completar alguna penca mundialista. No es necesario saber mucho. Si hurga un poco en su memoria y otro poco se guía por la intuición y el sentido común podrá divertirse en gran forma. Seguramente al finalizar la penca usted quede mejor posicionado que casi todos sus conocidos que creen ser grandes futboleros. Refriégueles el resultado cuando haya bastantes personas en común alrededor.
Vea publicidad. Seamos claros: la publicidad mundialista es infumable y atomizante. Lo sabemos. Los publicistas creeen que en esta época la única forma de vender un colchón, una lapicera o un paquete de galletas de arroz es vincularlo al representativo nacional del dichoso balompié. Observe con atención y verá publicidades bastante chotas que prometen pantallas planas y otros menesteres. De todas formas, tenga cuidado con la sobreexposición a tanta porquería.
Haga compras. Es ideal y muy recomendable en horarios de partidos importantes. No solo no habrá fila en la caja del supermercado ni en la fiambrería del mismo, sino que podrá incordiar a los empleados que con altas dosis de bronca y resentimiento contenido hacia el otro -especialmente hacia su jefe- pretenden seguir un partido con un auricular semiescondido entre sus ropas.
Pregunte. Preguntar es bueno. Siempre le dicen eso a uno desde que es un purrete que corretea por las veredas de baldosas grises a cuadritos. Hay muchas preguntas que pueden resultar muy divertidas. Una de ellas es la clásica ¿Quién está jugando? Pero hay más: ¿Cuál es Peñarol? ¿Si gana sale campeón? ¿Por qué los de celeste se mueven menos? ¿Ese es el que en Europa hace muchos goles?
Pero atención: es importante que formule la pregunta en el momento preciso. Por ejemplo, cuando el interrogado está con problemas de respiración, extrema sudoración o llamativa palidez. Si tiene la oportunidad no deje de hacer preguntas irascibles durante una definición por penales.
Acuse. Otra cosa divertida es poner en evidencia a aquellos que dejan de cumplir sus obligaciones, ya no por ver jugar a Uruguay o algún otro partido interesante, que se disculpa, sino a los que faltan a su trabajo o a sus responsabilidades -por citar dos casos comunes-, para poder observar un match de Corea del Norte, Suiza o el tercer partido de Honduras, cuando el único interés sea ver cuántos goles se llevan de regreso para su patria.
Aunque lo desee, usted no puede escaparse de un Mundial de Fútbol. No sea ingenuo.Otros ya lo intentaron antes. ¿Acaso no sabe que es en Sudáfrica o que hay un futbolista portugués metrosexual que se llama Cristiano Ronaldo? No niegue la realidad. Lo mejor es rendirse a la evidencia, relajarse y disfrutar en la medida de lo posible. Así que a continuación van algunas sugerencias para amenizar estas semanitas que pronto serán recuerdo.
Vea sufrir al prójimo. Poca cosa hay más reconfortante que ver sufrir a los hinchas de algún equipo. Puede ir a un bar y sentarse durante un partido de Uruguay en alguna mesa libre, o sea en las que no tienen visión directa al televisor, y observar las diversas reacciones y emociones que despierta el principal deporte. Preste especial atención en los minutos finales, fácilmente reconocibles por la compulsión de los televidentes a ver su reloj pulsera y luego formular algún comentario breve hacia uno de sus lados.
Participe en una penca. Actividad altamente recomendable es completar alguna penca mundialista. No es necesario saber mucho. Si hurga un poco en su memoria y otro poco se guía por la intuición y el sentido común podrá divertirse en gran forma. Seguramente al finalizar la penca usted quede mejor posicionado que casi todos sus conocidos que creen ser grandes futboleros. Refriégueles el resultado cuando haya bastantes personas en común alrededor.
Vea publicidad. Seamos claros: la publicidad mundialista es infumable y atomizante. Lo sabemos. Los publicistas creeen que en esta época la única forma de vender un colchón, una lapicera o un paquete de galletas de arroz es vincularlo al representativo nacional del dichoso balompié. Observe con atención y verá publicidades bastante chotas que prometen pantallas planas y otros menesteres. De todas formas, tenga cuidado con la sobreexposición a tanta porquería.
Haga compras. Es ideal y muy recomendable en horarios de partidos importantes. No solo no habrá fila en la caja del supermercado ni en la fiambrería del mismo, sino que podrá incordiar a los empleados que con altas dosis de bronca y resentimiento contenido hacia el otro -especialmente hacia su jefe- pretenden seguir un partido con un auricular semiescondido entre sus ropas.
Pregunte. Preguntar es bueno. Siempre le dicen eso a uno desde que es un purrete que corretea por las veredas de baldosas grises a cuadritos. Hay muchas preguntas que pueden resultar muy divertidas. Una de ellas es la clásica ¿Quién está jugando? Pero hay más: ¿Cuál es Peñarol? ¿Si gana sale campeón? ¿Por qué los de celeste se mueven menos? ¿Ese es el que en Europa hace muchos goles?
Pero atención: es importante que formule la pregunta en el momento preciso. Por ejemplo, cuando el interrogado está con problemas de respiración, extrema sudoración o llamativa palidez. Si tiene la oportunidad no deje de hacer preguntas irascibles durante una definición por penales.
Acuse. Otra cosa divertida es poner en evidencia a aquellos que dejan de cumplir sus obligaciones, ya no por ver jugar a Uruguay o algún otro partido interesante, que se disculpa, sino a los que faltan a su trabajo o a sus responsabilidades -por citar dos casos comunes-, para poder observar un match de Corea del Norte, Suiza o el tercer partido de Honduras, cuando el único interés sea ver cuántos goles se llevan de regreso para su patria.
martes, 8 de junio de 2010
Bu ó mu
-Bu.
-Mu.
-¡Bu!
-¡Mu!
-¡Bu, carajo!
-¡Mu, zapallo!
-¿De dónde lo sacaste?
-De la sartén, ¿y vos?
-Bu... eno.
-Mu... rite.
-Es buñuelo.
-No, muñuelo. De muñón. Porque tiene la forma de un muñón.
-¡Serás bestia!
-Tiene su lógica. Mu-ñón. Mu-ñuelo. Viene de España. Un muñuelo es más chico que un muñón y tiene la misma forma, o sea que es un muñón pequeñuelo. Un muñuelo. ¿No tiene su lógica?
-¡Le estás errando el bizcochazo, titán*!
-¿Tu teoría cuál es?
-Un buñuelo es un grumo gótico, un bulto catalán, una fruta de sartén.
-Cómo sea. Menos charla y terminá la masa de una vez.
-Como usted ordene, capitán**.
-Así me gusta, pibito.
-El Pibe Parabiaguito, ¿te acordás?
-No se me distriga y continúe amasando.
-¿Quién estaba amasando, vos o yo?
-Te perdiste en el diálogo, carcamán***.
-¿Y qué dice el veredicto popular, Julio César?
-La última encuesta publicada esta semana por Equipos Trufi señala que el 59 por ciento de los entrevistados dice que se dice buñuelo, el 23 por ciento dice que se dice muñuelo y el restante 18 por ciento dice que no les importa un joraca esta encuesta, por lo cual se perdieron una hermosa lapicera retráctil con el logo de la empresa.
-¿Soy yo o me parece?
-¿Qué cosa?
-Una cosa que empieza con bu... y termina con lo.
-¡Bulo!
-Falso.
-¿Otra pista?
-Tiene forma de muñón.
-¡Muñelo!
-Esooooooooooooo. Buñuelo.
-Muñuelo, Juan Sebastián****.
-Dejémoslo así. Veo que no nos vamos a poner de acuerdo.
-Puede que tengas razón.
-¡Pará! Tengo una idea. Si es dulce, buñuelo, y si es salado, muñuelo.
-Esooooooooooooooooo. Así te quiero, Iván*****.
(*) Titán: Fortachón, tipo que se destaca por alguna cualidad. Vg: ¡Alcanzame esas bolsas de portland, titán!
(**) Capitán: hombre que luce un brazalete en el brazo de su brazo predilecto, la cual le autoriza a protestar cualquier cosa al árbitro del encuentro. Vg: ¡Pero Filippi! ¡Eso no es sangre! ¡Pruebe y va a ver que el muy sotreta del rival se tiró ketchup en la cara!
(***) Carcamán: Persona de muchas pretensiones y poco mérito. También se usa para denominar adultos mayores de cierto prestigio venidos a menos. Vg 1: ¡No te puedo! ¿El carcamán ese todavía sigue saliendo en televisión? Vg 2: ¡No te puedo! ¿El carcamán ese todavía sigue estando en el Parlamento? Vg 3: ¡No te puedo! ¡El carcamán ese se está matando a la rubia!
(****) Juan Sebastián: nombre compuesto del personaje en cuestión. Sus padres le pusieron así en homenaje a su muy pretérito tocayo Juan Sebastián Elcano. Vg: Juan Sebastián, haceme el favor y andá al almacén a traerme 200 gramos de mortadela y 150 de queso de sándwich; pero no te demores dando vueltas, que te conozco.
(*****) Iván: nombre del personaje en cuestión. Sus padres lo bautizaron así porque les gustaba ese nombre. Si era niña se iba a llamar Valeria. Vg: Iván, haceme el favor y andá al almacén a traeme medio quilo de dulce de membrillo; pero traeme el ticket, que vos con el vuelto sos terrible.
-Mu.
-¡Bu!
-¡Mu!
-¡Bu, carajo!
-¡Mu, zapallo!
-¿De dónde lo sacaste?
-De la sartén, ¿y vos?
-Bu... eno.
-Mu... rite.
-Es buñuelo.
-No, muñuelo. De muñón. Porque tiene la forma de un muñón.
-¡Serás bestia!
-Tiene su lógica. Mu-ñón. Mu-ñuelo. Viene de España. Un muñuelo es más chico que un muñón y tiene la misma forma, o sea que es un muñón pequeñuelo. Un muñuelo. ¿No tiene su lógica?
-¡Le estás errando el bizcochazo, titán*!
-¿Tu teoría cuál es?
-Un buñuelo es un grumo gótico, un bulto catalán, una fruta de sartén.
-Cómo sea. Menos charla y terminá la masa de una vez.
-Como usted ordene, capitán**.
-Así me gusta, pibito.
-El Pibe Parabiaguito, ¿te acordás?
-No se me distriga y continúe amasando.
-¿Quién estaba amasando, vos o yo?
-Te perdiste en el diálogo, carcamán***.
-¿Y qué dice el veredicto popular, Julio César?
-La última encuesta publicada esta semana por Equipos Trufi señala que el 59 por ciento de los entrevistados dice que se dice buñuelo, el 23 por ciento dice que se dice muñuelo y el restante 18 por ciento dice que no les importa un joraca esta encuesta, por lo cual se perdieron una hermosa lapicera retráctil con el logo de la empresa.
-¿Soy yo o me parece?
-¿Qué cosa?
-Una cosa que empieza con bu... y termina con lo.
-¡Bulo!
-Falso.
-¿Otra pista?
-Tiene forma de muñón.
-¡Muñelo!
-Esooooooooooooo. Buñuelo.
-Muñuelo, Juan Sebastián****.
-Dejémoslo así. Veo que no nos vamos a poner de acuerdo.
-Puede que tengas razón.
-¡Pará! Tengo una idea. Si es dulce, buñuelo, y si es salado, muñuelo.
-Esooooooooooooooooo. Así te quiero, Iván*****.
(*) Titán: Fortachón, tipo que se destaca por alguna cualidad. Vg: ¡Alcanzame esas bolsas de portland, titán!
(**) Capitán: hombre que luce un brazalete en el brazo de su brazo predilecto, la cual le autoriza a protestar cualquier cosa al árbitro del encuentro. Vg: ¡Pero Filippi! ¡Eso no es sangre! ¡Pruebe y va a ver que el muy sotreta del rival se tiró ketchup en la cara!
(***) Carcamán: Persona de muchas pretensiones y poco mérito. También se usa para denominar adultos mayores de cierto prestigio venidos a menos. Vg 1: ¡No te puedo! ¿El carcamán ese todavía sigue saliendo en televisión? Vg 2: ¡No te puedo! ¿El carcamán ese todavía sigue estando en el Parlamento? Vg 3: ¡No te puedo! ¡El carcamán ese se está matando a la rubia!
(****) Juan Sebastián: nombre compuesto del personaje en cuestión. Sus padres le pusieron así en homenaje a su muy pretérito tocayo Juan Sebastián Elcano. Vg: Juan Sebastián, haceme el favor y andá al almacén a traerme 200 gramos de mortadela y 150 de queso de sándwich; pero no te demores dando vueltas, que te conozco.
(*****) Iván: nombre del personaje en cuestión. Sus padres lo bautizaron así porque les gustaba ese nombre. Si era niña se iba a llamar Valeria. Vg: Iván, haceme el favor y andá al almacén a traeme medio quilo de dulce de membrillo; pero traeme el ticket, que vos con el vuelto sos terrible.
viernes, 4 de junio de 2010
Encuentran el eslavón perdido
Finalmente apareció. Tras años de intensa búsqueda por parte de los bomberos, la policía, grupos ecologistas, vecinos solidarios organizados en cuadrillas y perros amaestrados, apareció Marko Pavlic. El gigante de 2,18 (misma altura que Brad Kanis, el yanqui que juega en Capitol, es de Trouville y había venido antes a Welcome) se había perdido tras la fractura de la ex Yugoslavia, en el último año capicúa del siglo pasado, léase 1991.
George Campbell, conocido eslavista –especialista en temas eslavos- radicado en Liubliana (capital de Eslovenia) confirmó la noticia a la prensa internacional el pasado martes, mediante un correo electrónico cuyo asunto era corto, concreto y llamativo: “apareció el eslavón perdido”. Esa misma tarde Campbell fue asediado por la prensa, ávida de este tipo de noticias. El miércoles por la mañana, los medios conocieron el caso de Pavlic en persona.
El entonces joven Marko Pavlic, fracasado basquetbolista devenido en estudiante de Física Cuántica, asustado por las bombas que caían en su ciudad durante la Guerra de la Ex Yugoslavia, puso pies en polvorosa y arrancó para el monte con el objetivo de no ser blanco de alguno de los típicos combates étnicos que por entonces asolaban la región. Cuando la guerra terminó, como no estaba ni entre los vivos ni entre los muertos, y considerando una cartita que había dejado escrita, dedujeron que seguiría en el bosque donde se había refugiado.
Durante años la sociedad eslava*, si es que existe, lo buscó sin suerte. Hasta ahora. Marko Pavlic pudo ser encontrado gracias a la felación que Caperucita Roja le hizo a un policía. Días atrás Roja había visto a Pavlic defecando entre los yuyos, cosa que denunció a un agente del orden de su ciudad.
Frente al asedio de los periodistas Pavlic admitió haber sentido miedo durante todos estos años. “La verdad me asusté bastante. Desde que me perdí anduve sin rumbo fijo, deambulando por los bosques de la región, a merced de osos, lobos y otros animales por el estilo. Incluso sufrí el ataque de unos hinchas del Fenerbahce turco que pasaban por ahí, pero de eso prefería no hablar porque me remueve cosas”.
Interrogado sobre el futuro, Pavlic, quien ahora tiene 43 años, respondió: “Por ahora no sé a qué voy a dedicarme. Tengo claro que la Física Cuántica no es lo mío. Por otra parte mi representante recibió ofertas para participar de un reality show en España, aunque también me gustaría cantar en el Festival de Eurovisión. Tampoco descarto volver al básquetbol, pues hay una oferta de 25 de Agosto, que está complicado con el descenso”.
Antes de retirarse de su comparecencia ante los micrófonos, el alto eslavo –de ahí lo de eslavón-, aprovechó la instancia para demostrar su agradecimiento hacia Caperucita Roja. “Gracias a ella hoy estoy acá entre ustedes, así que le debo una. Me gustaría conocerla personalmente para demostrarle mi gratitud. Todos me hablaron muy bien de ella, en especial el policía”, comentó Pavlic.
(*) Eslavo: Los eslavos fueron un pueblo antiguo que se extendió particularmente por el noreste de Europa. No hay que confundir eslavo con habitante de Eslovaquia o Eslovenia. Esos son eslovacos y eslovenos respectivamente, países que si bien estarán en la cita mundialista de Sudáfrica, no tienen gran historial. En verdad a Eslovaquia con Checoslovaquia y a Eslovenia con Yugoslavia no les fue mal, pero eso no cuenta. Lo pasado, pisado. Si el paneslavismo no dio sus frutos, es tema de ellos. O sea que en el medallero no están muy despegados de Zaire, que fue a Alemania ’74 y se comió un tuco de proporciones ( 3 jugados, 3 perdidos, cero gol a favor y 14 en contra).
Fe de erratas: Otra vez el duende de las imprentas. En el tercer párrafo, donde dice felación, debe leerse delación. Estimado lector, sepa disculparnos como disculpó a los gorilas; incluso con un poco menos ya alcanza.
George Campbell, conocido eslavista –especialista en temas eslavos- radicado en Liubliana (capital de Eslovenia) confirmó la noticia a la prensa internacional el pasado martes, mediante un correo electrónico cuyo asunto era corto, concreto y llamativo: “apareció el eslavón perdido”. Esa misma tarde Campbell fue asediado por la prensa, ávida de este tipo de noticias. El miércoles por la mañana, los medios conocieron el caso de Pavlic en persona.
El entonces joven Marko Pavlic, fracasado basquetbolista devenido en estudiante de Física Cuántica, asustado por las bombas que caían en su ciudad durante la Guerra de la Ex Yugoslavia, puso pies en polvorosa y arrancó para el monte con el objetivo de no ser blanco de alguno de los típicos combates étnicos que por entonces asolaban la región. Cuando la guerra terminó, como no estaba ni entre los vivos ni entre los muertos, y considerando una cartita que había dejado escrita, dedujeron que seguiría en el bosque donde se había refugiado.
Durante años la sociedad eslava*, si es que existe, lo buscó sin suerte. Hasta ahora. Marko Pavlic pudo ser encontrado gracias a la felación que Caperucita Roja le hizo a un policía. Días atrás Roja había visto a Pavlic defecando entre los yuyos, cosa que denunció a un agente del orden de su ciudad.
Frente al asedio de los periodistas Pavlic admitió haber sentido miedo durante todos estos años. “La verdad me asusté bastante. Desde que me perdí anduve sin rumbo fijo, deambulando por los bosques de la región, a merced de osos, lobos y otros animales por el estilo. Incluso sufrí el ataque de unos hinchas del Fenerbahce turco que pasaban por ahí, pero de eso prefería no hablar porque me remueve cosas”.
Interrogado sobre el futuro, Pavlic, quien ahora tiene 43 años, respondió: “Por ahora no sé a qué voy a dedicarme. Tengo claro que la Física Cuántica no es lo mío. Por otra parte mi representante recibió ofertas para participar de un reality show en España, aunque también me gustaría cantar en el Festival de Eurovisión. Tampoco descarto volver al básquetbol, pues hay una oferta de 25 de Agosto, que está complicado con el descenso”.
Antes de retirarse de su comparecencia ante los micrófonos, el alto eslavo –de ahí lo de eslavón-, aprovechó la instancia para demostrar su agradecimiento hacia Caperucita Roja. “Gracias a ella hoy estoy acá entre ustedes, así que le debo una. Me gustaría conocerla personalmente para demostrarle mi gratitud. Todos me hablaron muy bien de ella, en especial el policía”, comentó Pavlic.
(*) Eslavo: Los eslavos fueron un pueblo antiguo que se extendió particularmente por el noreste de Europa. No hay que confundir eslavo con habitante de Eslovaquia o Eslovenia. Esos son eslovacos y eslovenos respectivamente, países que si bien estarán en la cita mundialista de Sudáfrica, no tienen gran historial. En verdad a Eslovaquia con Checoslovaquia y a Eslovenia con Yugoslavia no les fue mal, pero eso no cuenta. Lo pasado, pisado. Si el paneslavismo no dio sus frutos, es tema de ellos. O sea que en el medallero no están muy despegados de Zaire, que fue a Alemania ’74 y se comió un tuco de proporciones ( 3 jugados, 3 perdidos, cero gol a favor y 14 en contra).
Fe de erratas: Otra vez el duende de las imprentas. En el tercer párrafo, donde dice felación, debe leerse delación. Estimado lector, sepa disculparnos como disculpó a los gorilas; incluso con un poco menos ya alcanza.
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