Había una vez una serie de cosas de las que ya no se habla. A partir de este hecho incontrastable, he aquí un repaso por la situación actual de algunas personas, lugares u objetos que en otro tiempo dieron para mucha cháchara y ahora están distantes del debate público. Exactamente nada, es lo que se sabe en el presente de este selecto grupo de sucesos, sitios y personas. Nada. Res de res, diría un catalán (siempre y cuando esté hablando en catalán). Nada de nada.
Por eso en una página tan servicial como es esta –dicho por su propio autor-, va tras este párrafo de presentación una reseña. Allí se actualiza información sobre algunas cosas que hoy están en el olvido, a pesar de que en otros tiempos ocuparon amplios espacios en la prensa local e internacional.
El triángulo de las Bermudas- Un fiasco. Se terminó la Guerra Fría y chau pinela. Nunca más se habló del temible triángulo de las Bermudas. Nos quedamos con las ganas de saber bien cómo era la historia. Si eran extraterrestres, la Atlántida perdida o algún submarino nazi que quedó medio sin saber para dónde arrancar. De todas formas no hay que desesperar, en cualquier momento Hollywood se manda un refrito de los suyos.
El agua de Querétaro- Curro que duró poco, pero del que varios deben haber sacado provecho vendiendo botellitas descartables de medio litro con liquido vital de dudosa procedencia. Si Coca Cola llegó a vender agua de canilla embotellada, quién les puede reclamar algo a estos emprendedores particulares de antaño. Incluso se sabe de gente que viajó desde acá (sí, en serio, desde Uruguay) a México en busca de esa agua supuestamente milagrosa y curativa. Como ya decía Schubert Pérez por entonces: ¡Así está el mundo, amigos!
Coquito Rodríguez- Perdido sin aviso. Si alguien sabe algo que pegue el grito. La última vez que se lo vio fue entrenando en Los Aromos hace una punta de años. Era un jugador de fútbol morocho, flaquito, delantero, veloz, frágil, grácil y aurinegro para más datos. Años ´80 por si alguien no lo tiene registrado.
Los disquetes de 5 ¼- Según estimaciones de organismos internacionales especializados en la materia, a esta altura de la vida todos los disquetes de 5 ¼ deben estar destruidos. Se estima que el último en ir a parar a un tarro de basura corrió dicha suerte, si puede decirse así, en el primer lustro de este siglo. La única esperanza de ver uno es que aparezca perdido en alguna mudanza al mover un ropero o similar. Otra posibilidad es que la zona de gangas tecnológicas en las ferias de Tristán Narvaja o Piedras Blancas.
El dulce de leche casero- Lejos. Muy lejos. Demasiado lejos. Hiper atrás en el tiempo quedó el dulce de leche casero con su chuño característico. Qué tiempos aquellos de tevé blanco y negro y rodajas de pan casero con dulce de leche de igual tipo. Snif Snif. ¡La pucha, viejo! Que Puglia lo tenga en la gloria. Amén.
Omar Freire- En ocasiones se lo ve deambular por la avenida 18 de julio, o sea que está vivo. Es sabido que ha renunciado a la carrera política, sino le harían alguna nota de vez en cuando. Manifestaron fuentes cercanas al tocayo del narigón tomamate maragato más conocido, que su alejamiento de la política se debió a la falta de interés que demostró la ciudadanía ante su gran proyecto: el Movimiento de Liberación Masculina en general y en particular su propuesto Servicio Sexual Obligatorio. A Susana Gimenez le había resultado interesante, al punto que ahora se dedica a levantar de este lado del río.
La bandera de los Treinta y Tres Orientales- El misterio ha sido develado hace años por un grupo de investigadores encabezado por los hermanos Musso, pero nadie se convence. Los que se la hurtaron en primera instancia siguen diciendo que después se la afanaron los milicos en Buenos Aires y los militares dicen que no y que todavía la deben tener ellos que son terribles verseros. Como sea, igual ahora los famosos 33 son mineros y no orientales precisamente.
El primer ganador de Gran Hermano- Y el segundo y la turra aquella y el que tuvo sus 5 minutos de fama por ser familiar de otro vejiga de esos y todo un lote de gentes así. Nadie se acuerda mucho de su cara ni de su nombre, pero curraron de lo lindo por un tiempo. ¡Qué mundo generoso! ¡Por favor! Pensar que la mayoría se gana el pan laburando. Cosas que pasan, decía una viejo en Carmelo mientras observaba el tránsito de los camiones cargados de madera para Botnia.
Julio Ribas- Dirigiendo a Deportivo Maldonado en Segunda División. En serio.
Vertedero final de lo que alguien publica y publicaba bajo la firma de El Trufa en la revista Guambia. El principal mérito, según dijo una vez el jefe, es la constancia.
viernes, 29 de octubre de 2010
sábado, 23 de octubre de 2010
Variedades de gil
Giles hay muchos. Al respecto no hay grandes discusiones. Eso sí, no todos son iguales. Del jili original con que los gitanos españoles llamaban a quien era ingenuo, se pasó al castellanizado gil, seguramente por culpa y asociación de algún portador de dicho apellido justo merecedor del jili gitano. Desde entonces mucha agua ha corrido bajo el puente y los giles se han reproducido como peces en dicho líquido. Así surgió una amplia variedad, cada uno con sus características, que aquí pasamos a categorizar.
Gil de estopa: una tela de porquería la estopa, burda como ella sola. O la pelusa, o algo por el estilo. Sea como sea, el gil de estopa es un gil de mala calidad, un ser para ignorar olímpicamente en el mejor de los casos. Un verdadero tontuelo sin levante, que no sirve ni para completar un partido de fútbol 5 cuando falta un player. Puede ingresar al campo de juego, pero no aportará nada.
Gil de cuarta: De cuarta categoría, se sobreentiende. O sea que podría perfectamente no tener vida que nadie lo va a extrañar. Para dimensionar de forma certera qué tan gil es un gil de cuarta, piense en el campeonato de básquetbol vernáculo. Muchos equipos de Primera juegan poquito, en Segunda el listón está bastante bajo y en Tercera basta como ejemplo que compite con buen suceso un bisoño team llamado Romis Nelimar, que es una empresa de algo. Imagínese el equivalente a ser de cuarta, que actualmente ni siquiera existe . Si lo logra felicitaciones, porque no es papa.
Gil a cuadros: Se lo diferencia fácilmente por su vestimenta. Suele usar camisa escocesa. En caso de ser mujer, también puede lucir pollera ídem. Se reproduce en verano. Es gracioso a la vista, aunque suele ponerse denso en el diálogo mano a mano cuando el tema le resulta interesante.
Gil de miga: Es el más simpático e inofensivo de todos los giles. Puede caer bien incluso. Probablemente un gil de miga desconozca su pertenencia a este colectivo. Un cero a la izquierda, pero no jode, excepto cuando habla de fútbol después de un clásico y se suma a las burlas del equipo ganador del cual simpatiza pero no va a la cancha desde hace un par de años, lo que le quita todo tipo de autoridad moral para referirse al asunto.
Gil de cuarzo: Este es más el moderno de todos. Seguramente no se refiera a la piedra sino a las estufas o a los relojes de cuarzo, que son una porquería en cualquiera de los dos casos. Según el gordo Google no existe -con o sin comillas- pero de algún lado resuena en la sesera. Capaz que es el eco lejano de algún injusto epíteto recibido en la tierna infancia, vaya uno a saber, hay giles para todo.
Giles varios: Por último hay una serie de giles que son simplemente derivaciones del gil absoluto. Entre ellos se cuentan expresiones como gilastro, gilastrún, gilito, Gilberto y jilguero. A estos hay que sumar el superlativo “rey de los giles” que suele ser pronunciado enfáticamente debido a méritos propios del destinatario.
Gil de estopa: una tela de porquería la estopa, burda como ella sola. O la pelusa, o algo por el estilo. Sea como sea, el gil de estopa es un gil de mala calidad, un ser para ignorar olímpicamente en el mejor de los casos. Un verdadero tontuelo sin levante, que no sirve ni para completar un partido de fútbol 5 cuando falta un player. Puede ingresar al campo de juego, pero no aportará nada.
Gil de cuarta: De cuarta categoría, se sobreentiende. O sea que podría perfectamente no tener vida que nadie lo va a extrañar. Para dimensionar de forma certera qué tan gil es un gil de cuarta, piense en el campeonato de básquetbol vernáculo. Muchos equipos de Primera juegan poquito, en Segunda el listón está bastante bajo y en Tercera basta como ejemplo que compite con buen suceso un bisoño team llamado Romis Nelimar, que es una empresa de algo. Imagínese el equivalente a ser de cuarta, que actualmente ni siquiera existe . Si lo logra felicitaciones, porque no es papa.
Gil a cuadros: Se lo diferencia fácilmente por su vestimenta. Suele usar camisa escocesa. En caso de ser mujer, también puede lucir pollera ídem. Se reproduce en verano. Es gracioso a la vista, aunque suele ponerse denso en el diálogo mano a mano cuando el tema le resulta interesante.
Gil de miga: Es el más simpático e inofensivo de todos los giles. Puede caer bien incluso. Probablemente un gil de miga desconozca su pertenencia a este colectivo. Un cero a la izquierda, pero no jode, excepto cuando habla de fútbol después de un clásico y se suma a las burlas del equipo ganador del cual simpatiza pero no va a la cancha desde hace un par de años, lo que le quita todo tipo de autoridad moral para referirse al asunto.
Gil de cuarzo: Este es más el moderno de todos. Seguramente no se refiera a la piedra sino a las estufas o a los relojes de cuarzo, que son una porquería en cualquiera de los dos casos. Según el gordo Google no existe -con o sin comillas- pero de algún lado resuena en la sesera. Capaz que es el eco lejano de algún injusto epíteto recibido en la tierna infancia, vaya uno a saber, hay giles para todo.
Giles varios: Por último hay una serie de giles que son simplemente derivaciones del gil absoluto. Entre ellos se cuentan expresiones como gilastro, gilastrún, gilito, Gilberto y jilguero. A estos hay que sumar el superlativo “rey de los giles” que suele ser pronunciado enfáticamente debido a méritos propios del destinatario.
lunes, 18 de octubre de 2010
Bien lejos
Adelantándose al debate público que tímidamente comenzó tiempo atrás y con más fuerza se dará en un futuro no tan lejano, la prestigiosa consultora Equipos Trufi realizó una encuesta entre los uruguayos sobre la posible ubicación de una central nuclear en nuestro país.
Aunque no está para nada definido si finalmente Uruguay entrará a formar parte del grupo de países generadores de energía atómica, en el remoto caso de que así ocurra hay una cuestión básica que no es para nada secundaria: ¿dónde? Porque si la ciudadanía decide tener este tipo de energía es obvio que en algún lugar del territorio nacional tendrá que instalarse la planta respectiva.
Atendiendo a la suposición -incluso ministerial- de que nadie quiere tener cerca de su domicilio sitios tales como una cárcel, un hogar del INAU para menores infractores, la futura cancha de Peñarol, una casa de instalación et reparación de alarmas para autos, Fripur o una boca de venta de pasta base (exceptuando los consumidores), la empresa Equipos Trufi interrogó a una muestra estadísticamente representativa de la población local sobre cuál sería la posible ubicación de la primera central nuclear uruguaya.
La encuesta constó de tres preguntas: 1- ¿En qué sitio del país ubicaría una planta de energía atómica? 2- ¿Cuál sería la distancia menor a la que aceptaría vivir de dicha planta? 3- ¿Aceptaría que instalaran una central nuclear en su ciudad o en los alrededores?
Para la primera pregunta las dos respuestas mayoritarias son -con matices- bastante coincidentes: un 38% respondió "lo más lejos posible"y otro 32% dijo "bien pero bien lejos". Después hubo un sorpresivo y a la vez considerable 15% que saliéndose del mapa nacional respondió "en Buenos Aires quedaría precioso". Las restantes opiniones se dividieron entre algunos lugares concretos. Entre estos los más citados fueron: Artigas, Bella Unión, el Chuy, la isla Martín García, Punta del Este, el Parque Central y el Palacio Peñarol.
Ante la consulta de cuál sería la menor distancia a la que aceptaría que la instalaran con respecto al domicilio propio, extrañamente la respuesta mayoritaria coincidió con la pregunta inicial: 84% afirmó que "lo más lejos posible". Muy relegadas quedaron respuestas como "un poco más lejos que los que zafaron de Chernóbil" ( 12%), "a 5.000.000 de cuadras, brasileras de ser posible" (3,7%), y "como de acá allá" (0,3%).
En relación a la tercera y última interrogante -¿Aceptaría que instalaran la planta en su ciudad o en los alrededores?-, el 93% respondió de forma negativa utilizando distintas variantes (no, ni loco, ni en pedo, ni ayrton, de ninguna manera, ni que me lo pida Natalia Oreiro de rodillas). El 6% manifestó que "de algo hay que morirse" y el restante 1% respondió "si es en el Parque Central no me quema, perdón, no me molesta".
Aunque no está para nada definido si finalmente Uruguay entrará a formar parte del grupo de países generadores de energía atómica, en el remoto caso de que así ocurra hay una cuestión básica que no es para nada secundaria: ¿dónde? Porque si la ciudadanía decide tener este tipo de energía es obvio que en algún lugar del territorio nacional tendrá que instalarse la planta respectiva.
Atendiendo a la suposición -incluso ministerial- de que nadie quiere tener cerca de su domicilio sitios tales como una cárcel, un hogar del INAU para menores infractores, la futura cancha de Peñarol, una casa de instalación et reparación de alarmas para autos, Fripur o una boca de venta de pasta base (exceptuando los consumidores), la empresa Equipos Trufi interrogó a una muestra estadísticamente representativa de la población local sobre cuál sería la posible ubicación de la primera central nuclear uruguaya.
La encuesta constó de tres preguntas: 1- ¿En qué sitio del país ubicaría una planta de energía atómica? 2- ¿Cuál sería la distancia menor a la que aceptaría vivir de dicha planta? 3- ¿Aceptaría que instalaran una central nuclear en su ciudad o en los alrededores?
Para la primera pregunta las dos respuestas mayoritarias son -con matices- bastante coincidentes: un 38% respondió "lo más lejos posible"y otro 32% dijo "bien pero bien lejos". Después hubo un sorpresivo y a la vez considerable 15% que saliéndose del mapa nacional respondió "en Buenos Aires quedaría precioso". Las restantes opiniones se dividieron entre algunos lugares concretos. Entre estos los más citados fueron: Artigas, Bella Unión, el Chuy, la isla Martín García, Punta del Este, el Parque Central y el Palacio Peñarol.
Ante la consulta de cuál sería la menor distancia a la que aceptaría que la instalaran con respecto al domicilio propio, extrañamente la respuesta mayoritaria coincidió con la pregunta inicial: 84% afirmó que "lo más lejos posible". Muy relegadas quedaron respuestas como "un poco más lejos que los que zafaron de Chernóbil" ( 12%), "a 5.000.000 de cuadras, brasileras de ser posible" (3,7%), y "como de acá allá" (0,3%).
En relación a la tercera y última interrogante -¿Aceptaría que instalaran la planta en su ciudad o en los alrededores?-, el 93% respondió de forma negativa utilizando distintas variantes (no, ni loco, ni en pedo, ni ayrton, de ninguna manera, ni que me lo pida Natalia Oreiro de rodillas). El 6% manifestó que "de algo hay que morirse" y el restante 1% respondió "si es en el Parque Central no me quema, perdón, no me molesta".
sábado, 2 de octubre de 2010
Total oscuridá
Pintó apagón. Pará. Voy a cambiar la times new roman por otra letra más simpática. Listo. Sí. Apagón mismo, como en los viejos tiempos. Y los apagones son como la lluvia: te hacen empezar a filosofar o embolarte al máximo. Uno comienza a pensar sobre cómo sería el mundo sin electricidad, algo así como el fin de la civilización tal como la conocemos y le dan unos chuchos de emoción incontenible. ¡Si habrán pasado generaciones que se quedaron con las ganas de ver el fin del mundo!... y uno acá, dándose el lujo de desaprovecharlo. Porque puede ser el fin del mundo. ¿Quién puede negarlo? Tal vez los rusos comunistas... No, eso era antes. El panameño Noriega... No. ¡Cómo lo atendieron a ese! Capaz que Saddam Hussein con sus armas de destrucción masiva... Tampoco. Ya es fiambre. Pensar que prometía el pibe... Parece mentira cómo pasa el tiempo. En fin. En una de esas es el colapso previsto del mundo actual. Se terminó el petróleo, más eso de los transgénicos, lo de la soja, Botnia, la mortandad de los peces, el deshielo de los polos, los pingüinos empetrolados, el no pago de la deuda externa, el revoltoso de Chávez que se juntó con el otro iraní, el diluvio universal segunda edición... ¡Vaya uno a saber! La cuestión es que el mundo está llegando a su fin y uno fiel testigo para contarlo. Pavada de privilegio. Apagón mundial. Explotan todos los reactores nucleares. Se rompen los embalses de las represas. Sale campeón El Tanque Sisley. El fin del mundo, en pocas palabras. Todo el planeta a oscuras. La gente encanutándose latas de conversas, caña brasileña, ticholos y matándose a piacere. Defensor que hace 9 goles en un torneo internacional. Baja el precio del boleto y del kilo de carne picada, hay frutillas baratas todo el año y cosas por el estilo así de raras e infrecuentes.
Aunque capaz que es un simple apagón, en un par de horas se termina y el lunes toca ir a trabajar de nuevo, en punto, empezar la dieta que entró la primavera, soportar el ómnibus atestado de gente justo ahora que arranca de nuevo el calorcito. Y si es un apagón más, uno de tantos, uno de mierda, mejor ubicar la vela más cercana y dejarla bien paradita en la primera tapa de bollón que esté a mano. Y si es un apagón de morondanga, es ser como un poquito ciego y un poquito aventurero, además de bastante mala liga, porque ahora apagones lo que se dice apagones hay poco y nada, pero tá, a alguien le tiene que tocar y en esta lotería que es la vida, esta tómbola de ausencia temporal de energía eléctrica, pintó redoblona, aunque en una de esas quién te dice y es el fin del mundo mismo, que sin duda algún día va a tocar y mejor verlo a que te lo cuenten, como todo. O casi todo digamos, sin entrar en detalles. Mejor ver caer las primeras bombas, el saqueo de tiendas en búsqueda de productos de primera necesidad como ser pan con UB40, galletitas lulú, teléfonos celulares tribanda, televisores de plasma o plasma -como se diga-, o mp4 que eso sí que es un gran invento.
Sea como sea, mejor prender esa vela blanca larga y sin estrenar que uno creía haber comprado absolutamente al santo botón y sentarse a esperar a ver qué pasa, que no anda el microondas ni el devedé así que se complica para cocinar algo, el teléfono inalámbrico está inutilizado tanto para llamar al delivery de la pizzería como para comunicarse con alguien para saber dónde cayó la primera bomba, además internet no está utilizable, uno está desinformado, desconectado. Decí que por suerte hay una caja de fósforos a mano y si no es el fin del mundo le pega en el palo, porque se largó a llover y no queda claro si son gotas grandes, langostas bíblicas o explotó el colector.
Aunque capaz que es un simple apagón, en un par de horas se termina y el lunes toca ir a trabajar de nuevo, en punto, empezar la dieta que entró la primavera, soportar el ómnibus atestado de gente justo ahora que arranca de nuevo el calorcito. Y si es un apagón más, uno de tantos, uno de mierda, mejor ubicar la vela más cercana y dejarla bien paradita en la primera tapa de bollón que esté a mano. Y si es un apagón de morondanga, es ser como un poquito ciego y un poquito aventurero, además de bastante mala liga, porque ahora apagones lo que se dice apagones hay poco y nada, pero tá, a alguien le tiene que tocar y en esta lotería que es la vida, esta tómbola de ausencia temporal de energía eléctrica, pintó redoblona, aunque en una de esas quién te dice y es el fin del mundo mismo, que sin duda algún día va a tocar y mejor verlo a que te lo cuenten, como todo. O casi todo digamos, sin entrar en detalles. Mejor ver caer las primeras bombas, el saqueo de tiendas en búsqueda de productos de primera necesidad como ser pan con UB40, galletitas lulú, teléfonos celulares tribanda, televisores de plasma o plasma -como se diga-, o mp4 que eso sí que es un gran invento.
Sea como sea, mejor prender esa vela blanca larga y sin estrenar que uno creía haber comprado absolutamente al santo botón y sentarse a esperar a ver qué pasa, que no anda el microondas ni el devedé así que se complica para cocinar algo, el teléfono inalámbrico está inutilizado tanto para llamar al delivery de la pizzería como para comunicarse con alguien para saber dónde cayó la primera bomba, además internet no está utilizable, uno está desinformado, desconectado. Decí que por suerte hay una caja de fósforos a mano y si no es el fin del mundo le pega en el palo, porque se largó a llover y no queda claro si son gotas grandes, langostas bíblicas o explotó el colector.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Cada vez hay más categorías
Ser limpio o ensuciar poco ya no alcanza. Primero hubo que separar el plástico. Luego las botellas de vidrio, el papel y las latas. Después tuvimos el período de las bolsas de leche, que hasta había que lavarlas. Luego vino el tema de las pilas, que ahora resulta que hay que usar recargables, aunque parece que contaminan más que las otras o sea que son menos pero más dañinas. También están las lámparas de bajo consumo, que son un avance pero en cualquier momento pasan a la historia. Llegados a este punto, permitámonos hacer un renglón de silencio en homenaje a nuestro querido SUN, que reciente legislación envió hace no tanto al más absoluto ostracismo, o sea que es una especie de Artigas en Paraguay, una eminencia que sus contemporáneos no supimos valorar debidamente pero en el futuro la sociedad falta de valores lo rescatará del olvido para sustituir las ramitas que hay alrededor del escudo patrio por un par de sunes entrecruzados.
Tras un respetuoso renglón de silencio volvamos al tema. Ocurre que cuanto más se separa la basura, más pior*. No ya porque resulte más complicado y requiera más dedicación y espacio, sino que cuanto más se segmenta los desperdicios más dudas surgen. No es una simple cuestión de aprender algo nuevo, es que cuanto uno más recicla más dudas tiene.
Porque ahora resulta que no todos los plásticos son iguales, o sea que no van todos juntos. Lo mismo con las botellas de vidrio o los papeles. Y el aceite doméstico. Ahora dicen que hay que rejuntarlo en una botella de plástico.
El asunto es: cada vez hay más categorías. Uno ya no sabe dónde va cada cosa. Por ejemplo: ¿En dónde se tira lo que se le raspa a una tostada que se pasó de tiempo en la hornalla por tener la vejiga más llena de lo previsto? ¿De no querer guardar el aceite en una botella descartable de dos litros, es mejor tirarlo en algún caño en particular, en las plantas del fondo o en la cabeza del vecinito rompequinotos**? ¿En caso de borrachera o anorexia es mejor chivar en la pileta o en el guáter? ¿Un moco recién sacado va con la basura común o con los desechos orgánicos? ¿Se puede hacer compost con los restos de las uñas recién cortadas? ¿Las hojas de esta revista se reciclan junto a la tapa o no? ¡Porque no vamos a comparar un gramaje con otro, por favor! ¿Dónde van las papeletas rosadas que sobraron de las últimas elecciones? ¿En el culo de quién?
Saliendo tangencialmente de tema, hay que reconocer como grandes precursores a los que muchos años atrás se dedicaban a separar el papel metálico de los garotos o de las tabletas de chocolate. Pero eso más que conciencia ecológica era una demostración de habilidad, como jugar bien al tiki taka o armar dos caras del cubo mágico.
En aquellos años separar enterito -sin ninguna rotura- el papel de un bombón contrabandeado era algo de consideración, mientras que hacer lo mismo con el envoltorio de una tableta de chocolate era todo un destaque, una capacidad admirable (como la alarma de 1811).
Pero tá. Basta de nostalgiar que el 24 del ocho pasó hace poco y no es cuestión de andar reviviendo muertos. Mejor que descansen hasta que sea de estricta necesidad. La cuestión es que reciclar es todo un desafío. Eso sí, mejor ni pensar en averiguar qué sucede con lo que uno se mata clasificando. Es mejor convivir con la duda. Ya lo dijo Felipe Cardoso: ojos que no ven, pelotudo que recicla.
(*) Pior: equivalente a peor. O sea que "más pior" es igual a "más peor", con la diferencia que la primera respeta el habla coloquial. ¿Para qué vamos a mentirnos, verdá?
(**) Rompequinotos: no está en el diccionario de la Real Academia, pero sí hay otra expresión parecida que puede resultar equivalente: rompehuevos. Al fin y al cabo uno tiende a pensar que esta página es hasta menos soez que la prestigiosa RAE.
Tras un respetuoso renglón de silencio volvamos al tema. Ocurre que cuanto más se separa la basura, más pior*. No ya porque resulte más complicado y requiera más dedicación y espacio, sino que cuanto más se segmenta los desperdicios más dudas surgen. No es una simple cuestión de aprender algo nuevo, es que cuanto uno más recicla más dudas tiene.
Porque ahora resulta que no todos los plásticos son iguales, o sea que no van todos juntos. Lo mismo con las botellas de vidrio o los papeles. Y el aceite doméstico. Ahora dicen que hay que rejuntarlo en una botella de plástico.
El asunto es: cada vez hay más categorías. Uno ya no sabe dónde va cada cosa. Por ejemplo: ¿En dónde se tira lo que se le raspa a una tostada que se pasó de tiempo en la hornalla por tener la vejiga más llena de lo previsto? ¿De no querer guardar el aceite en una botella descartable de dos litros, es mejor tirarlo en algún caño en particular, en las plantas del fondo o en la cabeza del vecinito rompequinotos**? ¿En caso de borrachera o anorexia es mejor chivar en la pileta o en el guáter? ¿Un moco recién sacado va con la basura común o con los desechos orgánicos? ¿Se puede hacer compost con los restos de las uñas recién cortadas? ¿Las hojas de esta revista se reciclan junto a la tapa o no? ¡Porque no vamos a comparar un gramaje con otro, por favor! ¿Dónde van las papeletas rosadas que sobraron de las últimas elecciones? ¿En el culo de quién?
Saliendo tangencialmente de tema, hay que reconocer como grandes precursores a los que muchos años atrás se dedicaban a separar el papel metálico de los garotos o de las tabletas de chocolate. Pero eso más que conciencia ecológica era una demostración de habilidad, como jugar bien al tiki taka o armar dos caras del cubo mágico.
En aquellos años separar enterito -sin ninguna rotura- el papel de un bombón contrabandeado era algo de consideración, mientras que hacer lo mismo con el envoltorio de una tableta de chocolate era todo un destaque, una capacidad admirable (como la alarma de 1811).
Pero tá. Basta de nostalgiar que el 24 del ocho pasó hace poco y no es cuestión de andar reviviendo muertos. Mejor que descansen hasta que sea de estricta necesidad. La cuestión es que reciclar es todo un desafío. Eso sí, mejor ni pensar en averiguar qué sucede con lo que uno se mata clasificando. Es mejor convivir con la duda. Ya lo dijo Felipe Cardoso: ojos que no ven, pelotudo que recicla.
(*) Pior: equivalente a peor. O sea que "más pior" es igual a "más peor", con la diferencia que la primera respeta el habla coloquial. ¿Para qué vamos a mentirnos, verdá?
(**) Rompequinotos: no está en el diccionario de la Real Academia, pero sí hay otra expresión parecida que puede resultar equivalente: rompehuevos. Al fin y al cabo uno tiende a pensar que esta página es hasta menos soez que la prestigiosa RAE.
viernes, 24 de septiembre de 2010
Análisis
El frasquito cuesta doce pesos, que no los vale, pero es lo que te cobran en la farmacia de la esquina. Encima uno se va pensando si el efectivo en monedas que acaba de abonar constará ante la DGI o va al bolsillo del farmacéutico en cuestión sin más trámite, por lo cual se retira del comercio con la sensación de que le timaron dos pesos.
Dicen que lo que se paga es que está esterilizado, porque básicamente es un frasquito de morondanga en una bolsita de nailon. Esterilizado significa, en este caso, que nada extraño puede mezclarse con el líquido excrementicio proveniente de los riñones, así que el propietario del mismo y de su contenido debe hacerse responsable de lo que marque el análisis en cuestión, excepto el típico caso de cuando uno es deportista y el resultado detecta cualquier sustancia drogona tipo maruja o merca, donde la costumbre indica que hay que hacerse el gil a la máxima potencia salvo contadas pero valientes excepciones, felicitaciones a ellos.
Para el tamaño que tiene, el recipiente plástico cuesta lo que un táper de la mejor calidad, lo que da ganas de pedir su devolución después de tener el resultado del examen. Si bien no es lo suficientemente grande como para llevar un almuerzo al laburo, su dimensión es ideal para guardar alguna mayonesa con morrón picado, por ejemplo, el chimichurri para el asado o unas castañas de cajú para picar de vez en cuando menos dan ganas de meterlo en el microondas para ver si aguanta la toma.
Aunque hay que reconocer que si bien no deja de ser un frasco de tantos, tiene su porte, es simpático y lindo cual vasito barato de copetín. Hecho que a uno lo inspira y le genera incertidumbre, ganas de dejarse de cuentos y probar la dichosa orinoterapia, para ver si eso funca algo o es chamullo de la más baja calaña.
En una de esas capaz que de puro prejuicioso uno está dejando pasar la oportunidad de beneficiarse de una novedosa cura, la puerta de acceso al óptimo estado de bienestar, pues si se piensa bien el asunto, si tiene el color del whisky tan malo no puede ser. Al menos está claro que no te mata y como dicen algunos lo que no mata te fortalece, o sea que si en lugar de madrugar para ir al consultorio a entregar el frasquito, me quedo en casa y desayuno pichí en una de esas salgo ganando y me ahorro la plata de dos boletos o de uno de dos horas si la cosa es rápida. Por no decir que también podría ahorrar los doce pesos del frasquito que se deben abonar en la farmacia de la esquina, ganar en salud, e incluso ahorrar algo de agua, por lo menos un vasito a la mañana, otro de tarde y otro antes de acostarse, cuando no una jarra de cerveza de medio litro, según como venga funcionando la cosa y las ganas que haiga.
Así que tá. Mejor desactivo el despertador, me dejo de ayuno y cosas raras y arranco mañana mismo con la ingesta de agüita amarilla, en este vasito tan lindo, que lo que no te mata te fortalece y que si las cosas pasan por algo será, sino que lo diga el ghanés aquel que reventó al pelota contra el palo.
Dicen que lo que se paga es que está esterilizado, porque básicamente es un frasquito de morondanga en una bolsita de nailon. Esterilizado significa, en este caso, que nada extraño puede mezclarse con el líquido excrementicio proveniente de los riñones, así que el propietario del mismo y de su contenido debe hacerse responsable de lo que marque el análisis en cuestión, excepto el típico caso de cuando uno es deportista y el resultado detecta cualquier sustancia drogona tipo maruja o merca, donde la costumbre indica que hay que hacerse el gil a la máxima potencia salvo contadas pero valientes excepciones, felicitaciones a ellos.
Para el tamaño que tiene, el recipiente plástico cuesta lo que un táper de la mejor calidad, lo que da ganas de pedir su devolución después de tener el resultado del examen. Si bien no es lo suficientemente grande como para llevar un almuerzo al laburo, su dimensión es ideal para guardar alguna mayonesa con morrón picado, por ejemplo, el chimichurri para el asado o unas castañas de cajú para picar de vez en cuando menos dan ganas de meterlo en el microondas para ver si aguanta la toma.
Aunque hay que reconocer que si bien no deja de ser un frasco de tantos, tiene su porte, es simpático y lindo cual vasito barato de copetín. Hecho que a uno lo inspira y le genera incertidumbre, ganas de dejarse de cuentos y probar la dichosa orinoterapia, para ver si eso funca algo o es chamullo de la más baja calaña.
En una de esas capaz que de puro prejuicioso uno está dejando pasar la oportunidad de beneficiarse de una novedosa cura, la puerta de acceso al óptimo estado de bienestar, pues si se piensa bien el asunto, si tiene el color del whisky tan malo no puede ser. Al menos está claro que no te mata y como dicen algunos lo que no mata te fortalece, o sea que si en lugar de madrugar para ir al consultorio a entregar el frasquito, me quedo en casa y desayuno pichí en una de esas salgo ganando y me ahorro la plata de dos boletos o de uno de dos horas si la cosa es rápida. Por no decir que también podría ahorrar los doce pesos del frasquito que se deben abonar en la farmacia de la esquina, ganar en salud, e incluso ahorrar algo de agua, por lo menos un vasito a la mañana, otro de tarde y otro antes de acostarse, cuando no una jarra de cerveza de medio litro, según como venga funcionando la cosa y las ganas que haiga.
Así que tá. Mejor desactivo el despertador, me dejo de ayuno y cosas raras y arranco mañana mismo con la ingesta de agüita amarilla, en este vasito tan lindo, que lo que no te mata te fortalece y que si las cosas pasan por algo será, sino que lo diga el ghanés aquel que reventó al pelota contra el palo.
sábado, 11 de septiembre de 2010
El problemita de las alarmas
Varios lectores se comunicaron con este prestigioso medio mediante cartas manuscritas a mano para manifestar su molestia respecto a las alarmas de automóviles que suenan durante horas sin que aparezca el o la propietario o propietaria del vehículo sonante. Todas las misivas -de distinta extensión y tenor verbal, en especial esto último- reflexionan sobre una misma interrogante: ¿Cómo hay que actuar ante tal situación?
Para no dejar sin respuesta a nuestros amables lectores, consultamos expertos en la materia y catedráticos varios de índole diversa. Luego de esta ardua tarea logramos reunir y elaborar cierta información que pasamos a puntualizar, esperando que la misma sirva para evacuar la interrogante principal.
1- Lo primero a tener claro es que se trata de un caso clarísimo de contaminación sonora. El vecino tiene todo el derecho del mundo a denunciar el desagradable suceso a las autoridades competentes. Si éstas no acuden en su defensa -o sea si el vecino queda en situación vulnerable ante una molesta afrenta de fin indefinido- el mismo se transforma en legítimo poseedor del derecho a represalia.
2- Está más que demostrado que nadie le da pelota a la alarma de un auto cuando suena. O sea, que si usted tiene auto ni se gaste en prenderla y si la prende hágase cargo sin chistar de las consecuencias que esto genere.
3- En caso que usted sea el propietario del auto y decide encender la alarma, no se aleje a una distancia donde no pueda escucharla. Tenga presente que si se activa y empieza a sonar usted nunca se enterará. Esto signica que puede ser objeto de justificadas acciones de parte de los vecinos que sí la escuchan durante un buen rato; y capaz -esto es agravante que no admite contemplaciones- a horas impropias. Además no tiene derecho a discutir el concepto de la expresión "horas impropias" porque ahí solo cuenta la acertada opinión del damnificado.
4- Hemos llegado al punto central del asunto, que es también el más discutible. Hemos llegado, estimado lector, al momento de la represalia. La respuesta al estímulo. La devolución justificada de la molestia causada. El que las hace las paga, coinciden las diversas fuentes consultadas. El punto en discusión es el precio.
Básicamente, según lo investigado, la respuesta debe ser equivalente al daño producido. Esto varía según la psiquis del damnificado, la hora de la contaminación sonora y la duración de la misma. Muy a nuestro pesar hemos intentado hallar una respuesta certera, concreta y precisa, pero resultó imposible.
5- En cuanto al punto anterior, hay quienes sostienen que lo mejor es dejar una nota en el parabrisas del auto en cuestión para que su dueño sepa la gran molestia que causó y tome conciencia de cara al futuro. Hay otros que optan por vaciar una bolsa de basura en el parabrisas delantero. Están los que desinflan una rueda para desinflar su rabia a la par tanto como les sea posible. Incluso los hay más radicales, que opinan que el no permitir dormir de madrugada se paga con un espejo menos o un rayoncito en la puerta del conductor, para que este recuerde periódicamente su error, humano pero error al fin.
Queda claro que llegados al momento de la respuesta-reprimienda-recordatorio, nos metemos en un tema que excede la capacidad de esta página. Hay opiniones diferentes, divergentes, incluso casi opuestas. Nuestro consejo es que antes de actuar piense lo que hace, sea el que pone la alarma o el que la padece, pero especialmente si es el primero.
Para no dejar sin respuesta a nuestros amables lectores, consultamos expertos en la materia y catedráticos varios de índole diversa. Luego de esta ardua tarea logramos reunir y elaborar cierta información que pasamos a puntualizar, esperando que la misma sirva para evacuar la interrogante principal.
1- Lo primero a tener claro es que se trata de un caso clarísimo de contaminación sonora. El vecino tiene todo el derecho del mundo a denunciar el desagradable suceso a las autoridades competentes. Si éstas no acuden en su defensa -o sea si el vecino queda en situación vulnerable ante una molesta afrenta de fin indefinido- el mismo se transforma en legítimo poseedor del derecho a represalia.
2- Está más que demostrado que nadie le da pelota a la alarma de un auto cuando suena. O sea, que si usted tiene auto ni se gaste en prenderla y si la prende hágase cargo sin chistar de las consecuencias que esto genere.
3- En caso que usted sea el propietario del auto y decide encender la alarma, no se aleje a una distancia donde no pueda escucharla. Tenga presente que si se activa y empieza a sonar usted nunca se enterará. Esto signica que puede ser objeto de justificadas acciones de parte de los vecinos que sí la escuchan durante un buen rato; y capaz -esto es agravante que no admite contemplaciones- a horas impropias. Además no tiene derecho a discutir el concepto de la expresión "horas impropias" porque ahí solo cuenta la acertada opinión del damnificado.
4- Hemos llegado al punto central del asunto, que es también el más discutible. Hemos llegado, estimado lector, al momento de la represalia. La respuesta al estímulo. La devolución justificada de la molestia causada. El que las hace las paga, coinciden las diversas fuentes consultadas. El punto en discusión es el precio.
Básicamente, según lo investigado, la respuesta debe ser equivalente al daño producido. Esto varía según la psiquis del damnificado, la hora de la contaminación sonora y la duración de la misma. Muy a nuestro pesar hemos intentado hallar una respuesta certera, concreta y precisa, pero resultó imposible.
5- En cuanto al punto anterior, hay quienes sostienen que lo mejor es dejar una nota en el parabrisas del auto en cuestión para que su dueño sepa la gran molestia que causó y tome conciencia de cara al futuro. Hay otros que optan por vaciar una bolsa de basura en el parabrisas delantero. Están los que desinflan una rueda para desinflar su rabia a la par tanto como les sea posible. Incluso los hay más radicales, que opinan que el no permitir dormir de madrugada se paga con un espejo menos o un rayoncito en la puerta del conductor, para que este recuerde periódicamente su error, humano pero error al fin.
Queda claro que llegados al momento de la respuesta-reprimienda-recordatorio, nos metemos en un tema que excede la capacidad de esta página. Hay opiniones diferentes, divergentes, incluso casi opuestas. Nuestro consejo es que antes de actuar piense lo que hace, sea el que pone la alarma o el que la padece, pero especialmente si es el primero.
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