sábado, 24 de noviembre de 2012

Chimibirra


-¡Tengo una idea!
-Dale con fritas. Soy todo oídos.
-Cerveza con sabor a chimichurri.
-¿Perdón?
-Sí. Esa no puede fallar. Es innovadora a roletes. Es imposible que a alguien no le guste.
-¿Vos me estás jodiendo?
-Te estoy sacando de pobre. Te estoy liberando de tu patrón explotador. Estoy destruyendo la plusvalía que generás con tu sudor. Estoy comentando una posibilidad, por si cuadra.
-Cuando te decía de inventar algo para hacernos millonarios no estaba pensando en eso.
-No estabas pensando en nada, sino ya hubieras puesto manos a la obra. Te tiro la idea de la chimibirra porque creo que puede andar.
-¿Cerveza con gusto a chimichurri?
-Ideal para cualquier asado.
-¿Y si no estás en un asado? ¿Te imaginás a alguien en un boliche a las cinco de la mañana tomando cerveza con gusto a chimichurri?
-Entre otras cosas.
-No sé.
-Pensá que el chimichurri es rico, sano, natural, tiene arraigo social y un nombre muy simpático y pegadizo. Vas a ver que anda. Además después se puede ampliar la oferta generando más variedades. Cerveza con gusto a pororó para ir al cine, por ejemplo. En versión dulce y salado, a gusto del consumidor.
-Esa sí que no la veo. ¿Quién se va a aguantar toda una película sin ir a mear?
-A mí lo que más me preocupa es cómo aguantarse sin ejecutar un buen eruto.
-Eructo.
-Dejate de preciosismos. Eruto también vale.
-La otra es poner un negocio. Algo que funcione, cosa de no errar el bizcochazo.
-Ya sé. Congelados Walt Disney. ¿Qué tul?
-Me gusta, me gusta. No sé como se lo tomará la clientela, pero me gusta el punch del nombre.
-Fábrica de Pastas Los Ravioles de Forlán.
-Eso fue malísimo.
-Ensalada de fruta De cada pueblo un paisano.
-Mantenés la línea.
-Una cancha de padel. Ahora que no existe ninguna tendríamos todo el mercado para nosotros. Agarramos los interesados que pueda haber por ahí y los tenemos como público cautivo. Con un poco de suerte capaz que se vuelve a poner de moda, ahora que nos devolvieron el grado inversor y las vacas si no están gordas al menos se las ve bien alimentadas.
-No sé.
-Carnicería El Purgatorio Bovino.
-Tampoco.
-Tirá una idea vos, entonces.
-Jugarle a todas las combinaciones del 5 de Oro.
-Imposible e improductivo. Además no tenemos el capital inicial suficiente.
-¿De cuánto estamos hablando?
-Sacá cuentas.
-¿Con sabor a chimichurri? Puede andar.
-¡Y la cerveza de molleja con limón, ni te cuento!
-Chimibirra entonces.
-¡Esa, milanesa!
-¿Cómo la hacemos?
-Mucho misterio no puede tener. Compramos cerveza al por mayor y le encajamos chimichurri. Eso sí, después tenemos que meter abundante difusión en las redes sociales y conseguir alguna celebridad que le dé para adelante.
-¿Un Tinelli, por ejemplo?
-Alguien más identificado con la causa.
-¿Se te ocurre algún nombre?
-Lástima lo de El Sabalero.
-Totalmente.
-Sugerí vos.
-¿Y Daisy Tourné?
-La veo más para lo de los congelados.
-Puede ser. Si te parece lo seguimos pensando. Mientras tanto primero lo primero: yo compro la cerveza y vos  hacés el chimichurri.
-No se hable más.
-Como usted mande, compañero.

martes, 13 de noviembre de 2012

La desaparición de los guanacos


Costumbre que se ha perdido la de andar salivando a diestra y siniestra. Sobre todo para el lado que va el viento. Al punto que hoy en día el añejo letrero que en ocasiones todavía puede leerse apenas subir a un ómnibus, aquel de “Prohibido salivar y hablarle al conductor” es un absurdo al cuadrado. Primero porque ya nadie osa salivar el suelo de un medio de transporte colectivo [imagínese por un instante esa imagen, estimado lector, y comprenderá que es imposible] y segundo porque al conductor hay que hablarle sí o sí, para decirle si el boleto es céntrico, común, de una hora, de dos o alguna otra opción. Pero algo hay que decirle, sino el tipo se impacienta, la cosa se demora, el coso no arranca, los que están atrás putean y capaz que alguno se queda sin subir si el guarda arranca de golpe y sin miramientos hacia la acera donde podría observar si queda algún posible pasajero a nivel de sopi. O sea. Cartel doblemente absurdo, pues prohíbe dos cosas: una que nunca ocurre y otra que inevitablemente siempre se produce.
Costumbre que se ha perdido la de andar salivando a diestra y siniestra. Sobre todo después de comer algo que merece ser devuelto. No es que esté ni bien ni mal, porque eso es a gusto del escupidor y de su entorno más cercano. Esto es una simple constatación de hecho. Es una costumbre que cayó en desuso; como tomar leche con gofio, podar el arbolado público, dar el asiento a las viejas en el ómnibus, exigir el no pago de la deuda externa, escuchar radio de onda corta o ir a ver a un partido de Huracán Buceo.
Costumbre que se ha perdido la de andar salivando a diestra y siniestra. Sobre todo si uno está saliendo de una gripe y anda con la nariz todavía en reparaciones. Pensar que antes era tan pero tan común que alguien te gargajeara al lado… y ahora nada que ver. Nada por aquí, nada por allá. Si uno escucha un sonido de esa talla mira de forma desagradable, como diciendo dónde te crees que estás. En las casa este hábito ya no corre. En el ómnibus tampoco. La calle parecer ser el único ámbito aceptable donde aún persiste el salivazo. Ahhh… y en el básquetbol, que lo que tiene de proximidad lo tiene de escupitajos.
Costumbre que se ha perdido la de andar salivando a diestra y siniestra. Sobre todo a siniestra. Ahora como que se le tiene más consideración. Capaz que porque la siniestra no es tan siniestra. Capaz porque no es tan siniestra en el otro sentido. Vaya a saberse. El punto es que sí: quedan pocos salivadores. Pocos de los buenos, de aquellos que donde ponían el ojo ponían el pollo. Pero los hay. Duchos de la escupida, sea por lo distante o por lo precisa. Porque justo es reconocer que tienen su mérito, aunque ahora nos dé un poco de asquete. Es una habilidad aprendida y eso no hay por qué negarlo. Quedan menos guanacos todavía. Menos de esos seres humanos caracterizados por asemejarse más de lo deseado a ese conocido mamífero andino famoso por escupir precisamente a donde cuadre y cuando le cuadre.
Costumbre que se ha perdido la de andar salivando a diestra y siniestra. No así la de escupir para arriba, que todavía se ve bastante. Pero esto indudablemente es cosa del que lo hace. La libertad es libre. Allá él (o ella), que en caso de escupitajo hacia el cenit se arriesga a padecer el simple efecto de la ley de gravedad sin que nadie lo obligue. Lo que se dice al reverendo santo botón. Pero tá. Allá el.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Algunos problemas numéricos


Una tecla
La diéresis, por poner un caso bastante cercano.
Siempre se dice que los problemas hay que hablarlos, que poner en palabras las situaciones que nos complican es comenzar a solucionarlas, que si se comparte la malaria puede aparecer una vacuna, que mi abuelita tenía un biombo y no se lo prestaba a nadie.
La semana pasada un humilde servidor tuvo que andar con vueltas por incapacidad de escribir el gentilicio de los habitantes del país centroamericano ubicado entre Honduras y Costa Rica, cuya capital es algo así como una cachimba*. La cuestión es que todavía reina cierta ignorancia referida al teclado de la computadora, por lo tanto ni idea de dónde están la diéresis y algún otro símbolo gráfico que cada tanto se precisa, como la o chiquita y elevada que se usa para abreviar primero de mayo o la c con virgulilla que se usa para no poner barca cuando se pretende que suene barza en referencia al conocido equipo catalán.
Digamos que por suerte diéresis no es como esdrújula que para ser un buen ejemplo es esdrújula, es decir que lleva tilde en la antepenúltima sílaba, que dicho sea de paso ambas palabras son esdrújulas, cómo árboles, Bélgica y tábano, pongámosle.

Multitud de dos
Días atrás la policía informó que tiene casi cercado a un enfermito conocido como “el corrector del patito faltante”. Extraoficialmente se sospecha que podría tratarse de un  individuo que cobró notoriedad pública (otra esdrújula) por su aparición en una serie de comerciales televisivos de una empresa estatal. Su delito: grafitear a troche y moche colocando un número 2 delante de cada teléfono que todavía insiste con ser de siete dígitos. Su pena: no haber terminado la tarea. Una sugerencia: presentar un proyecto a Fondos Concursables o Presupuesto Participativo para que esta tarea cívica sea legal y remunerada.

Cuatro es bastante
Mensaje emitido por un altoparlante en el barrio porteño de la Boca: “Atención Señor Falcioni. Atención Señor Falcioni. Presentarse en recepción. La Conmebol quiere otorgarle una medalla al mérito en reconocimiento a su perseverancia infructuosa”.

Diez son demasiados
“Acá no. Acá no. Acá no. Acá tampoco. ¿Acá tampoco? Mierda. Acá no. Acá no. ¿Acá? No. Tampoco. Mierda. Acá no. Acá no. Acá no. Acá tampoco. ¿Acá? Acá. Y eso que ya había buscado. En fin. Más vale tarde que nunca.”
            Anónimo

El que busca, encuentra.
            E.G.L.

Si algo tiene el invierno son bolsillos. Muchos. Más de lo necesario. Más de los que cualquier mortal precisa para guardar cosas y luego buscarlas.
A medida que las prendas aumentan, las capas de ropa se superponen y los bolsillos se reproducen innecesariamente. Un ejemplo concreto. Cuatro bolsillos grandes y uno diminuto en el pantalón vaquero, más dos en el cangurito, más tres en la campera. Total: diez bolsillos. Situación: sube el inspector y empieza a pedir los boletos. Resultado: Se complica un partido fácil a una hora temprana.

Equis
¿Dinero erogado por todos debido al sueño de tener una aerolínea de bandera nacional? Equis. O equis al cuadrado. O vaya a saberse después de tantos años. Y seguramente todavía falta poner más.  Caramba, carambita, carambirulá. Ufa. Ufita. ¿Bqb?

 (*) ¿Qué pasa en una cachimba? Sale agua. Mana agua. Managua.

martes, 23 de octubre de 2012

Qué es de la vida de...


Una vez más dice presente este espacio nada periódico de rescate de la memoria. Este gancho que trae a flote cosas olvidadas. Esta página requechera de nombres ilustres, glorias pasadas, temas del día, empleados del mes, ciudadanos brevemente destacados, trapos viejos caídos en desuso. Una puesta a punto del ayer en el hoy y capaz que en la posteridad. Simplemente una frase hecha dicha muchas veces para aclarar en qué anda Fulanito o Sultanita.


Paul McCartney- Poco tiempo después de su exitoso concierto en el Estadio Centenario uno de los dos Beatles que van quedando finalizò su gira internacional On the run, pero como se ve que no tiene nada que hacer, ésta semana estaba tocando para la reina de Inglaterra, en los festejos por los 60 años de Isabel II en el trono de la Pérfida Albion, oséase England. Visto lo visto, habría que reconsiderar un poco el criterio para otorgar el título de Visitante Ilustre de Montevideo.

Próspero Silva- Puntero afrodescendiente del memorable Progreso campeón uruguayo de 1989. Formaba el tridente atacante junto a Willy Gutiérrez y Jhonny Miqueiro. Gran cuadro gran, que tuvo la suerte de que el torneo fuera a una sola rueda. Como casi todo futbolista luego se retrasó en el campo y terminó jugando de lateral. Lo último que se supo de él es que trabajaba como portero en un edificio de Pocitos.

El Tren de los Pueblos Libres- Arrancó por agosto del año pasado con toda la fuerza, oficialista al menos, ya que para la ocasión estuvieron presentes ambos presidentes rioplatenses (léase el Pepe y la Cristina). El ferrocarril binacional empezó uniendo Buenos Aires con la localidad de Paso de los Toros como destino final, más la promesa de que luego llegaría hasta Montevideo. Pero vaya paradoja, el tren se pinchó mucho antes de lo previsto. Al poco tiempo acortó su destino hasta Paysandú. Segùn informantes calificados todo hace suponer que el Tren de los Pueblos Libres no corre más, aunque hace poco apareció por Salto un tren fantasma de similares características. Un fiasco.

La tricoplayera- Como tal se conocio a la simpática y original blusa del club Huracán Buceo. Eran tres franjas verticales de los colores a saber: negro, blanco y rojo. Estos eran heredados de Chacarita Juniors de Argentina por culpa de un porteño que les prometió camisetas y nunca cumplió. En los años '90 del siglo pasado la particular y clásica camiseta tricoplayera fue sustituida por diversos modelos más modernos -incluso alguno de ellos agradable a la vista- pero los dirigentes de la institución nunca captaron que la debacle deportiva e institucional iba de la mano con el distanciamiento de la camiseta histórica. En 2009, caput con la tricoplayera. Una pena.

Héctor Lescano- Tuvo que hacer la valija de golpe porque se le vencían las millas de vuelo que había acumulado en los últimos 7 años. Ante la inminencia de semejante pérdida el presidente Mujica tuvo la deferencia de darle el buque para sorpresa de propios y ajenos. Se presume que podría estar veraneando en Londres, disfrutando de la previa de los Juegos Olímpícos, con un amigo que conoció hace poco en las vueltas de la vida, un tal Gerardo Rey.

La frutilla de la torta- Si nadie se la comió, está en la torta. Grande y apetitosa; arriba y al centro, como tiene que ser.

sábado, 20 de octubre de 2012

Algo que decir


-Tengo algo que decirle.
-Y yo a usted.
-Usted primero entonces.
-No. Faltaba más.
-De Pluna ni me hable.
-No era el tema convocante, pero si quiere lo atacamos. En una de esas, quién le dice, faltaba más, más y más guita. Llegado el caso ya sabemos quién tiene que cubrir el faltante. Pero por ahora eso es una incógnita.
-Como la que le quiero plantear. Una incógnita irresuelta por quien le habla. Una incógnita sin novedades a la vista ni moros en la costa.
-Ni gato con quinta pata incluida.
-Ni cuerpo que lo resista.
-Vayamos al grano.
-Vayamos, entonces. Usted dirá.
-No. Usted primero.
-Primero las damas.
-Después el ludo.
-Veo que nos entendemos.
-Lo que yo quería decirle y perdón que me adelante, son dos cosas del Estadio. Dos crímenes contra la naturaleza humana que tuve que soportar días atrás en ocasión de la despedida del equipo olímpico del Maestro Tabárez.
-Se lo tenía guardado, porque eso fue hace unos días.
-Hay cosas que cuesta sacar: como el frío que hizo esa tarde en el Centenario, como el Cinco de Oro acumulado.
-Como moneda de un peso de arriba del mostrador del supermercado cuando la fila del cajero está larga e impaciente.
-Como moneda de dos pesos adosada al pavimento de 18 de Julio.
-Como el olor a humo en la ropa de un asado hecho adentro de un búnker.
-Como la pelota a Messi cuando anda inspirado.
-Como las ganas de comer tortas fritas cuando llueve.
-Como le venía diciendo -ahora que me hace acordar- tengo dos cosas para plantearle. Una es que adentro del estadio vendían tortas fritas a 25 pesos.
-Sin comentarios. Al paredón en el acto y sin derecho a abogado. Ni siquiera a una llamada de despedida a la familia. Con confiscación de bienes por ganancia mal habida.
-Lo otro era el temita de las viejas cornetas de plástico barato que de un tiempo a esta parte se les ha dado por inspiración sudafricana en llamar vuvuzelas.
-¿Había?
-Había.
-¿Muchas?
-Dos. Pero una estaba a un metro y la tenía un niño.
-¡Madre mía! ¡Qué horror!
-Ahí me convencí que Pedro tiene razón: hay que bajar la edad de imputabilidad.
-En ese tipo de casos, puede ser.
-Le puedo asegurar que es algo insufrible, una experiencia casi imposible de transmitir. Es como a veces dicen de la droga: para hablar con propiedad hay que haberla probado, haber pasado por eso, haberlo sufrido.
-Como perder 500 pesos en la mosqueta.
-Como un pelotazo en las partes.
-Como haber sacado un pasaje por Pluna.
-Como el 8 contra 11 siendo de Nacional.
-Como le había dicho en un principio, yo también tengo algo que contarle.
-Cuente entonces.
-Ahí está el tema.
-¿En dónde?
-En el contar. Porque resulta que el otro día me desayuné que los gurises en la escuela ya no usan ábaco. Con lo lindo que eran los ábacos con todas esas fichitas de colores y ese vaivén de un lado al otro de la maderita gracias a esos alambres arqueados. ¡Caput los ábacos!
-Capaz que las ceibalitas tienen algo parecido.
-Parecido no es lo mismo.
-Eso no admite dudas, pero hay que acostumbrarse. Es la tecnología que se viene, el avance de la ciencia, la confirmación del bosón de Higgs, el triunfo de la regla de tres y las ecuaciones pluscuamperfectas. A mí me preocupa mucho más el temor a que en nuestro país proliferen las vuvuzelas.
-Totalmente de acuerdo. Mal yo.
-No pasa naranja.
-No, pasa.
-No pasa.
-¿No?
-No.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Y el ganador es...


Otro uruguayo campeón del mundo. El pasado domingo Manuel Guillén se coronó como el mejor en doma mecánica de todo el planeta, en el torneo disputado en la ciudad mexicana de Jalisco. El lunes por la madrugada aterrizó en el aeropuerto de Carrasco. La mañana siguiente, todavía paspado, conversó con este pasquín que usted tiene entre manos.


-¿Así que campeón mundial en doma de toro mecánico?
-Tal cual. Eso dice la medalla al menos.
-¿Desde cuándo monta toro mecánico?
A eso de los siete pirulos aprox, si no me falla. La primera vez que vi uno supe que era lo mío. Para el fútbol era un chambón importante, así que tenía claro que por ahí no iba la cosa.
¿Para entonces le gustaban las domas?
Absolutamente. Mi viejo todos los años me llevaba a la Criolla del Prado porque siempre pasábamos Turismo en Montevideo, salvo una vez fuimos a acampar a El Pinar con unos tíos.
Me crié viendo domas y deseando que llegara Semana de Turismo. Eso sí, no soportaba ver cómo sufrían los caballos con cada golpe de espuela, rebenque o cuando se les colgaban de las crines.
-Mire usted.
Cuando vi algo equivalente a las domas pero sin el maltrato animal correspondiente, supe que eso era lo que siempre había deseado.
-¿Está en contra de las domas del Prado?
-Totalmente. De hecho estuve repartiendo unos volantes contra eso en la puerta del recinto ferial.
¿Dónde aprendió a montar toro mecánico?
Empecé acá en los parques infantiles itinerantes. Había uno que cada tanto andaba cerca de casa; en cuanto me enteraba arrancaba para ahí y lo hacía de goma. Mango que juntaba, mango que reventaba en el toro mecánico.
¿Era aguantador?
Le fui agarrando la mano de la misma manera que se le agarra la mano a hervir un huevo, a dónde hay poner el suavizante en una lavarropa o a saber sacar el asado a gusto del comensal.
¿Cómo continuó su preparación?
De adolescente siempre estaba al alpiste por si había algún toro mecánico en un pueblo cercano. Cuando me llegaba el dato certero agarraba una carpa y me iba todo el fin de semana a darle a la monta. Me escapaba de casa, porque mis viejos decían que era una reverenda boludez lo que hacía y que para gastar la guita en eso mejor la destinara a sustancias alucinógenas.
¿Y el salto a la práctica como disciplina deportiva?
Gracias a un mexicano que me vio montando en un parque de atracciones en Atlántida. Me comentó que en su país había competencias por plata y que sin duda me iría bien, así que allá fui.
¿Hay categorías?
Acá no, pero en México se compite en estilo libre, prendido a las mechas y entequilado.
¿Qué tal el nivel del torneo?
Maso. Éramos cuatro o cinco mexicanos, un par de yanquis, un ecuatoriano, un argentino y yo. Además hay tres federaciones distintas y están todos peleados.
¿O sea que la trascendencia del título es cuestionable?
No sé si tanto. Le diría que es comparable a los títulos de nuestras campeonas mundiales de boxeo.
Eso no ayuda mucho.
Al pan pan y Albino vino.
¿Cómo se compite?
Es bien simple. Gana el que aguanta más tiempo arriba del toro, que siempre lo maneja otro competidor o sea que la cosa es con saña pública y notoria. En mi caso me coroné luego de soportar estoicamente durante 5 horas 43 minutos y 15 segundos. Y me bajé porque me estaba meando, sino tiraba un poco más.
¿Y el segundo?
El ecuatoriano, que antes había hecho un tiempo de 5:42:17.
¿Se puede vivir de esto?
Se puede. Yo tengo un toro mecánico y unos juegos inflables que alquilo para fiestas infantiles y me va bárbaro. De paso aprovecho y practico ahí mismo. Por contrataciones, llamar al...
Perdone, pero esto no es un espacio publicitario y si lo fuera hay que ponerse.
Sorete.

martes, 25 de septiembre de 2012

Un vacío en el pecho


-¿Le pasa algo, amigo?
-¿Cómo se dio cuenta?
-Si con esa cara no le pasa nada, el parto debe haber sido traumático.
-Siento un vacío en el pecho.
-¿De marcapasos o de medalla olímpica?
-De carne.
-Explíquese.
-Siento que tengo en el pecho un pedazo de vacío de casi dos kilos de peso. 1.870 gramos según la etiqueta adhesiva.
-¿Y eso?
-Se llama lapicera. Sirve para sacar apuntes en el liceo, poner multas en la calle, sumar los gastos del mes, tachar algo mal escrito, firmar autógrafos, jugar a los ceritos y más cosas. Depende a lo que uno se dedique.
-Ya sé que eso es una lapicera. Le preguntaba por el vacío de carne.
-Gentileza del supermercado del barrio, aunque ellos no se enteraron del buen gesto que tuvieron conmigo.
-Se lo afanó entre las ropas aprovechando la abundancia de ellas en invierno.
-Muy astuto.
-Muy chorrito.
-Sí. Pero sea como sea no aguanto más el frío que me está metiendo el bife este en el cuerpo.
-Sáqueselo de encima que ya está a varias cuadras del lugar de los hechos. Nadie lo va a venir a buscar tan lejos.
-Nunca se sabe.
-Tiene razón. Mire lo que le pasó a Trotsky en su momento.
-O a Somoza sin ir más lejos.
-O al prócer Artigas.
-A ese lo fueron a buscar y no quiso venir.
-Distinto el caso del Nando Morena, que lo fueron a buscar y se vino.
-¿Y a Ansina?
-No consta en actas.
-Cebadores hay muchos, prócer uno solo.
-Cebador estratega, querrá decir.
-Como querer no quiero, pero si le hace feliz le doy el gusto.
-El gusto no sé, pero un pedazo de vacío podría ser.
-Hecho.
-Crudo igual me sirve, no quiero causarle molestias.
-Bueno, se lo doy crudo entonces.
-Se agradece el gesto.
-¿Tiene cuchillo, cuchilla, navaja, tijera, trincheta, viento gélido en la Escollera Sarandí o algún otro objeto cortante?
-Acá, no. Tengo en casa.
-¿Viento gélido de la Escollera?
-Eso no, pero todo lo otro sí. O sea que tiene para elegir a conciencia o utilizando el método de la monedita al aire.
-Si no tiene acá lo que podemos hacer es lo siguiente. Usted se compra un vinito de VCP para arriba, yo pelo unas papas, las meto al horno con la carne en cuestión, abro un paquete de maní pelado y lo espero a eso de las nueve.
-Buen plan. Me gusta la idea.
-Tráigase también papel y lápiz así hacemos unas partidas de tutti frutti.
-Pensé que le gustaba más jugar a los ceritos.
-¡Tiene razón! Lindo juego el de los ceritos.
-Pensar que hay giles que gastan tinta jugando al tatetí. Ellos se lo pierden.
-Si existe un juego al pedo ese es el tatetí.
-Usted lo ha dicho.
-Al pedo como esperar un peso de vuelto en el taxi.
-Al pedo como corbata en el ropero del presidente Mujica.
-Al pedo como whisky nacional en la casa del Cuqui.
-Al pedo como el Estadio de Alternativa Charrúa.
-Al pedo se lo corta con un vaso de leche.
-Corrijo. A la acidez.
-Usted lo ha dicho.
-¿A qué hora dijo?
-A eso de las nueve si le parece bien.
-Me parece.
-Me alegro.
-Me despido.
-Me marcho.
-Me paso por ahí a esa hora, entonces.
-No se olvide del vino. Sin la contraseña correcta no se abre la puerta.
-Usted juegue conmigo.
-Quedamos así, quedamos.
-¿Cómo?
-Así.
-Ahhh… sí.